Wisnik, José Miguel. Veneno remédio‭. ‬O futebol e o Brasil. São Paulo: Companhia das Letras, 2013. 446 pp.

 

El principal reto al que se enfrenta José Miguel Wisnik en este ensayo es la posibilidad de desarrollar un lenguaje crítico desde los estudios culturales latinoamericanos para abarcar ese fenómeno (hoy omnipresente gracias a los medios masivos de comunicación) que es el fútbol. El punto de partida de su reflexión consiste en rebatir la idea de que el fútbol, en tanto que se halla apresado desde hace un buen tiempo por la industria del espectáculo y es un producto de consumo masivo en el mercado global postindustrial, es una materia que no merece siquiera la atención de las disciplinas humanísticas ni de la academia. La propuesta es encontrar un modo de análisis que supere el vaivén entre la apología gratuita y el facilismo del desprecio habitual entre los intelectuales latinoamericanos (ejemplificados, por lo demás, según Wisnik en el libro de Juan José Sebreli, La era del fútbol) que reducen al fútbol al factor alienante contemporáneo de las masas, es decir, “al nuevo opio del pueblo”. En ese sentido, lo primero que hay que señalar es que el libro logra efectivamente apropiarse del fútbol desde una mirada que combina en su análisis diversas disciplinas como la antropología, la historia social y cultural, la literatura, la crítica de las artes y, fundamentalmente, el psicoanálisis. Para Wisnik el fútbol –el juego en sí mismo, pero también los efectos que tiene en la sociedad– constituye un entramado simbólico (un “campo de conflicto transcultural”, llega a decir) que abre la posibilidad de articular narrativas que van desde la construcción de identidades colectivas y nacionales, a entretejer características culturales arraigadas en las sociedades latinoamericanas de nuestro tiempo.

En particular, Wisnik hurga en la conformación histórica de Brasil dialogando con autores como Machado de Assis, Mario y Oswald de Andrade, Gilberto Freyre o Sérgio Buarque de Holanda para ir discutiendo y criticando las imágenes que de ese proceso se han construido desde la sociología, la historia o la literatura brasileñas (desde la cultura letrada, digamos). La posición de Wisnik, sin embargo, no es la de adoptar la exhaustividad historiográfica o la rigurosidad empírica de la sociología, sino la de hablar desde la libertad y el goce estético de un amante del fútbol. En este sentido, el libro aporta la riqueza de su prosa al gran caudal de la mejor tradición ensayística latinoamericana. El sesgo autobiográfico no se esconde en ningún momento: Wisnik se asume como un analista lejos de la objetividad, que ha visto y jugado al fútbol desde muy niño por haber crecido en una de las zonas de Brasil donde el deporte inglés arraigó más pronto (la región metropolitana de São Paulo, más precisamente en São Vicente, al lado de Santos), en la que además floreció uno de los mejores equipos de la historia –el “Santos”, donde jugaba Pelé. La importancia del fútbol en Brasil, según el autor, supera la simple explicación identitaria (frecuente en Europa) según la cual los ciudadanos se identifican con el equipo nacional a partir de su pertenencia a un país; para Wisnik, en cambio, Brasil existe como país, se constituye modernamente como tal, gracias, en buena medida, al fútbol.

La propuesta de Wisnik consiste en dos ensayos mayores, independientes entre sí, pero que se iluminan mutuamente y funcionan de manera orgánica. El primero expone, por decirlo de alguna manera,“la teoría” –en el capítulo 2 “A quadratura do circo: a invenção do futebol”– y el otro profundiza sobre la realización de esas ideas en el caso de Brasil –en el capítulo 3 “A elipse: o futebol brasileiro”. El análisis del primer gran ensayo (conformado a su vez por pequeñas reflexiones que van desmenuzando cada aspecto del juego) se monta en una línea cronológica que busca en los orígenes europeos del juego –particularmente en el caso de Inglaterra, que lo institucionaliza y le da forma en un código reglamentario–, sus peculiaridades y, más aún, las razones de su rápida y extendida popularización. La reflexión retrocede incluso al sustrato de las culturas mesoamericanas para rescatar de ellas los aspectos rituales y religiosos del juego en sí mismo, e incluso revalorizar el aspecto antropológicamente encantador de la pelota. 

Wisnik se revela aquí como un gran observador de los aspectos lúdicos del fútbol, que lo atan a impulsos atávicos (los orígenes tribales de los juegos de pelota como recreación de la caza o el carácter ritual del juego de pelota entre los mayas para sostener el equilibrio del cosmos) y los actualiza en el deporte institucionalizado de nuestros días. Su tesis es que si el fútbol, el deporte moderno codificado y dispersado por el imperialismo británico en la segunda mitad del siglo XIX, arraigó tanto y tan pronto en sociedades altamente desarrolladas como las de la Europa continental y en sociedades menos industrializadas como las latinoamericanas es porque se trata de un juego que aglutina esos valores premodernos, –el contacto con la tierra (se juega al aire libre y en cualquier campo, tenga césped o no) o el poder hipnótico de la redondez de la pelota– con los valores modernizadores, civilizatorios (muy en la lógica positivista e higienista del cambio de siglo) que representan tanto el deporte como la actividad física. Es en ese sentido que el fútbol representa “la cuadratura del círculo” a la que alude el título del capítulo segundo: un deporte que fascina por su capacidad de replicar el azar de la vida a partir de las múltiples posibilidades generadas por su carácter indeterminado y abierto (en oposición a los deportes más racionales y urbanos, como el básquetbol, el béisbol o el fútbol americano).

En Brasil, en particular, el juego pasó muy pronto de ser practicado exclusivamente por las elites anglófilas de Río y São Paulo, a popularizarse masivamente entre los estratos medios y bajos en una sociedad altamente polarizada y recién salida de la esclavitud. Es aquí donde el ensayo de Wisnik entronca con discusiones de más largo aliento como las que incumben a las teorías de la modernidad en América Latina, que discuten la transferencias culturales europeas en términos de transculturación, transplante o mestizaje. Para Wisnik, en definitiva, el deporte, tal como lo concibieron los ingleses, es reinventado por sus practicantes en el Brasil, añadiéndole una gran cantidad de matices y rasgos particulares. De Chico Buarque, por ejemplo, toma la idea de que hay “donos de campo” y “donos da bola” en el fútbol, dependiendo de si los que lo juegan son “ricos” o “pobres”: los primeros privilegian el control de la pelota en función de ir ganando territorio –el espacio entre jugadores es más amplio; en cambio, los segundos tienden a apropiarse de la pelota y retenerla lo más posible gracias a toda suerte de malabares y habilidades que incluyen regates y fintas (hay que pensar en Maradona o Ronaldinho Gaúcho como dos exponentes de esa cultura de la pobreza).

En esa adaptación del juego británico en Brasil radica, según el autor, el significado que representa la encrucijada del fútbol para el país: la disyuntiva que expresa una ambivalencia y que da nombre al libro. El fútbol en Brasil es el veneno remedio (el veneno y su antídoto) a partir del cual se anudan y resuelven alternativamente las múltiples complejidades que implican la constitución histórica de una nación multicultural y socialmente desigual. En la utilización de esa fórmula (“veneno remedio”) Wisnik dialoga abiertamente con Gilberto Freyre quien veía en la versión brasileña del fútbol (más curvilínea y sinuosa, por oposición a la rectitud y la rigidez europeas) la influencia decisiva de las expresiones corporales de la cultura mulata ejemplificadas en la capoeira (esa danza practicada por afrodescendientes y mulatos –esclavos recién liberados– que se desarrolla como una forma de acrobática autodefensa en los márgenes de la ciudad, a finales del siglo XIX). Para el autor, la observación de Freyre es innovadora porque extrae del veneno, el remedio: es decir, de los propios estigmas de la esclavitud surgen las peculiaridades expresivas del fútbol brasileño que lo vinculan con la estética y la plástica de la danza. El fútbol, para Wisnik, al igual que la música popular, tiene ese valor liberador y expresivo en la conformación de la cultura brasileña contemporánea. El autor valora muy positivamente, a través de la idea de la “prontidão” (que describe como una “inteligencia del cuerpo”), el aporte de las culturas afrodescendiente y mulata por medio del deporte y la expresiones musicales a la constitución cultural del Brasil moderno. En términos de la historia del fútbol brasileño (materia del mencionado segundo gran ensayo del libro), Pelé y Garrincha son las figuras decisivas en la consagración de Brasil como campeón mundial en 1958. En la “prontidão”, Wisnik conceptualiza una vez más una figura ambivalente: la del ingenio que proviene de la escasez material. Y ese carácter ambivalente se mantiene en constante tensión a lo largo de su reflexión: unas veces en la historia contemporánea de Brasil el fútbol es veneno, y en otras remedio. No se le escapa a Wisnik, por ejemplo, el hecho de que durante un buen tiempo el fútbol fue una expresión de cultura de masas ajena al influjo imperialista estadounidense, en un momento (a raíz de la segunda posguerra, sobre todo) en que las películas de Hollywood y las estrellas musicales imponían un modelo de vida y consumo en el resto del continente (y del mundo). El fútbol es, en ese sentido, un vehículo de expresión de la propia cultura brasileña.

Al mantener abierta la tensión en la fórmula “veneno remedio”, Wisnik intenta no caer en una celebración ingenua de la productividad del mestizaje cultural o, más específicamente, en una intelectualización y estetización de lo irrelevante (el fútbol). Más bien intenta problematizar la imbricación del fútbol con la cultura en la construcción moderna de Brasil a través de esa tensión oscilante que permanece irresuelta. Wisnik se niega a una visión del fútbol y la cultura musical brasileña como una compensación simbólica por todo lo que el país no logra en otros niveles. Más bien, eso lo subraya el texto, extrae de esas expresiones culturales múltiples claves para una mejor comprensión de las complejidades de la experiencia brasileña contemporánea.

No hay duda de que la forma en que Wisnik articula su análisis de un fenómeno popular como el fútbol, recurriendo a una compleja red de relaciones entre la literatura, la música y los registros psicoanáliticos y antropológicos, resulta muy sugerente e inspirador para analizar realidades sociales análogas en el ámbito latinoamericano. La prosa ensayística de Wisnik, caracterizada en este libro por la permanente iluminación mutua entre conceptos provenientes de muy diversos ámbitos disciplinares, es quizá el mejor ejemplo de lo productivo que resultan la creatividad y el ingenio que él tanto admira en Pelé, Tostão, Zico o Rivaldo.

 

Iván Pérez Daniel

Universidad de Talca

 

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