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in Cuadernos de Historia
Hispani qui in Italia sunt. La presencia de hispanos en Italia a través de la epigrafía (siglos I a.C.-V d.C)
Resumen:
Estudiamos la documentación epigráfica generada por aquellos hispanos que se trasladaron a Italia entre los siglos I a.C. y V d.C. Para recopilar esta información hemos revisado los índices del CIL relativos a Italia y Roma, además de los datos recogidos en publicaciones y bases de datos especializadas, seleccionando todas aquellas inscripciones que presentan una origo hispana. Esta documentación constituye la base del correspondiente estudio histórico, donde se analizan el origen y los centros de destino de estos hispanos, así como las causas que motivaron sus desplazamientos. Estudiamos asimismo sus profesiones y la actividad que llevaron a cabo en sus nuevos lugares de residencia.
Introducción
La continua renovación de las bases documentales ha favorecido el estudio de las dinámicas de movilidad en el mundo romano. Este ámbito de conocimiento cuenta con una amplia producción bibliográfica que incluye tanto obras que abordan esta temática desde una perspectiva amplia 1 como trabajos dedicados al estudio de áreas concretas 2 . El desarrollo de estos movimientos de población fue posible gracias a la creación de una densa red de comunicaciones y a la instauración de una administración eficiente 3 . En cualquier caso, conviene reseñar que la mayor parte de la movilidad registrada en el mundo romano fue de corto recorrido, y que la misma no afectó por igual a todos los colectivos sociales: fue muy intensa entre militares, comerciantes y miembros de la administración, mas, estuvo prácticamente ausente en otros segmentos de población 4 .
En el caso de la península ibérica, estos movimientos tuvieron, inicialmente, un carácter inmigratorio y acompañaron al proceso de conquista, que favoreció la llegada de numerosos itálicos que contribuyeron decisivamente a la romanización de estos territorios 5 . Con posterioridad, el desarrollo de la colonización cesariana y augustea, que implicó el establecimiento en Hispania de una parte del proletariado urbano de Roma y de numerosos veteranos del ejército, generó grandes transformaciones que favorecieron la integración de las provincias hispanas en el mundo romano mediante la difusión de la civitas 6 . De hecho, la red urbana, creada por Roma en Hispania, impulsó el desarrollo de los desplazamientos internos y favoreció la llegada de poblaciones extranjeras, que tuvieron en las capitales provinciales –Tarraco, Corduba y Augusta Emerita–y en las grandes ciudades costeras –Olisipo, Barcino, Carthago Nova– sus principales centros de referencia 7 . De igual modo, la plena integración de las provincias hispanas en el mundo romano favoreció el desplazamiento de sus habitantes fuera de la península ibérica por razones militares, económicas o administrativas 8 .
Para el conocimiento de estas dinámicas emigratorias, nuestra principal fuente de información es la epigrafía, donde las menciones de origo constatan la presencia de numerosos hispanos en diversos puntos de la geografía imperial. En trabajos anteriores hemos tenido la oportunidad de estudiar la documentación epigráfica generada por aquellos hispanos que llegaron a Italia por razones de carácter militar 9 . La contribución que ahora presentamos viene a completar el estudio de los hispanos residentes en Italia mediante el análisis de la movilidad de carácter “civil”, esto es, de los desplazamientos generados por causas de naturaleza económica, laboral, administrativa, etc. Conviene reseñar, no obstante, que para la realización de este trabajo contamos con varios precedentes historiográficos que han abordado, con mayor o menor detalle, la presencia de hispanos en territorio itálico, tanto en Roma como en otros sectores de la península, y que constituyen en buena medida nuestro punto de partida 10 . Siguiendo esta línea, con este trabajo perseguimos dos objetivos fundamentales: por un lado, recopilar y actualizar la documentación epigráfica relativa a los Hispani residentes en Italia, que en los últimos años se ha incrementado por el hallazgo de nuevas inscripciones; por otro, realizar el correspondiente análisis histórico de esta documentación, a través del cual trataremos de identificar las comunidades de procedencia de los hispanos estudiados, las causas que determinaron su traslado a Italia, su status jurídico o las actividades que desarrollaron en sus ciudades de destino.
Para recopilar la documentación epigráfica se han revisado los índices del CIL relativos a Italia y Roma y los datos recogidos en publicaciones especialzadas como L’Année épigraphique (AE) y en bases de datos informáticas como Epigraphic Database Roma (EDR), Epigraphik-Datenbank Clauss-Slaby (EDCS) y Epigraphic Datenbank Heidelberg (EDH). Esta recopilación documental se ha hecho sobre la base de un criterio fundamental: la mención explícita de una origo hispana. Este tipo de referencias aluden a la comunidad cívica o entidad territorial a la que pertenece la persona que la emplea 11 . Este parámetro nos ha permitido reunir un corpus de 68 inscripciones que aluden a un total de 71 personas.
Comunidades de origen de los hispanos estudiados
Al analizar el origen de los personajes estudiados observamos que la provincia que más información aporta es la Bética, con 25 casos. Le siguen la Hispania Citerior, con 22, y Lusitania, que únicamente proporciona 15 ejemplos. Contamos asimismo con un cuarto grupo, compuesto por 9 inscripciones, donde los hispanos identificados indicaron su pocedencia con fórmulas genéricas de contenido geográfico –Hispanus o Natione Hispana– que impiden determinar con certeza su provincia o ciudad de origen.
Los datos aportados por cada una de las provincias hispanas pueden desglosarse en diferentes grupos, atendiendo al status jurídico de las comunidades de origen de los personajes documentados, tal y como se detalla en la tabla 1.
Doce de los personajes estudiados procedían de colonias hispanas, un hecho que resulta particularmente significativo en la Bética, provincia que albergó la mayoría de las fundaciones coloniales de la península 12 . Aportan evidencias a este estudio Augusta Firma, patria de origen de Dubitatus (n.° 12), C. Iulius Hermes (n.° 14) y M. Iulius Hermesianus (n.° 15); Colonia Patricia, de donde eran naturales Baebia Venusta (n.° 4), C. Iunius Celadus (n.° 17) y L. Manlius ¿Corcanus? (n.° 18); y Augusta Gemella, desde donde se desplazaron hasta Italia M. Gallius Fabullus (n.° 13) y P. Petillius Colonus (n.° 20). Por el contrario, la importancia de las colonias como centros emisores de población se reduce notablemente en Lusitania y la Citerior. En la primera de estas provincias conocemos tan solo a Q. Cadius Fronto, oriundo probablemente de Scallabis (n.° 27), mientras que en la Citerior contamos con tres casos: Corbulo y Simplicius, naturales de Tarraco (n.os 45 y 53), y L. Iunius Albanus, nacido en Caesar Augusta (n.° 48).
Los municipios, por su parte, aportan 34 ejemplos a la muestra estudiada. En la Bética hemos documentado individuos procedentes de Gades (n.° 3, 8 y 23), Iliberris (n.° 2), Malaca (n.os 1 y 10), Ilipa (n.os 11 y 22), Italica (n.° 16) y Nertobriga (n.° 25). En el caso lusitano, la documentación relativa a los municipios remite a Salacia (n.os 31 y 39), Ebora (n.° 29), Collipo (n.° 30), Conimbriga (n.os 33, 34 y 35), Medubriga (n. os 38 y 40) y el populus de los Aravi (n.° 37) 13 , mientras que en la Citerior conocemos a catorce individuos procedentes de Saetabis (n.os 46 y 49), Dianium (n.° 42), Sisapo (n.° 47), Segobriga (n.os 44, 50 y 61), Aeso (n.° 54), Iesso (n.° 56), Pallantia (n.os 55 y 58), Saguntum (n.° 57), Segisamo (n.° 52) y Complutum (n.° 62).
La documentación epigráfica estudiada incluye también el caso de un personaje procedente de una civitas estipendiaria, esto es, una comunidad sin estatuto jurídico privilegiado. Se trata de M. Caesius Maximus (n.° 28), oriundo de Aeminium, comunidad estipendiaria de Lusitania, según señala Plinio (NH., IV, 118) 14 .
Otros hispanos indicaron su origen haciendo referencia a su provincia natal, como podemos observar en las inscripciones de C. Appuleius Diocles, Hispanus Lusitanus, (n.° 26a); de T. Flavius Rufus, ex Hispania ulteriore Lusitania (n.° 32); de [---]nius [M?]acer, [ex Hispani]a cite[rio]re (n.° 59); y de M(arcus) Aemilius [---?], oriundo también de la Hispania Citerio[re ---?] / ------? (n.° 41), aunque, en este caso, la laguna del texto en la última línea permite plantear la posibilidad de que ahí hubiese figurado también el nombre de su ciudad de origen.
En otras ocasiones esta referencia a la provincia aparece como complemento a la actividad comercial o económica desarrollada por algunos de los hispanos estudiados, circunstancia que podemos observar en las inscripciones de L. Numisius Agathemerus, negotiator ex Hispania Citerior (n.° 51), y del grupo de diffusores, mercatores et negotiatores olearii ex Baetica (n.os 5, 6, 7, 9, 19 y 24) que señalaron su vinculación con esta provincia a través del comercio del aceite, uno de sus productos más emblemáticos.
Asimismo, contamos con dos comunidades de las que apenas tenemos información, siendo desconocidos, hasta ahora, tanto su status jurídico como su emplazamiento. Se trata de Evandriana, lugar de origen de Lucifera (n.° 36), situada en Lusitania, en algún punto de la vía que unía Olisipo, Ebora y Emerita 15 , y de la civitas Baesarensi, ubicada en algún lugar indeterminado de la Bética, según se indica en el epitafio de C. Pupius Restitutus (n.° 21).
En otras dos inscripciones, el origen hispano de sus protagonistas se ha indicado con fórmulas diferentes a las comentadas hasta el momento. Una de ellas emplea el término natio, expresión genérica que alude a un espacio geográfico en lugar de a una comunidad cívica, en este caso la natio Call(a) eca, lugar de origen de Atilia (n.° 43), mientras que la otra pieza, que menciona a un tal [---]us Silvanus (n.° 60), refiere el ejercicio de un sacerdocio en el conventus Asturum, lo que podría estar indicando el origen de este personaje.
Finalmente, reseñamos la existencia de nueve casos (n.os 63-71) donde los hispanos identificados emplearon fórmulas de contenido geográfico, como Hispanus o Natione Hispana, para indicar su procedencia. Estos términos, que se usaban generalmente para designar el lugar de origen en contextos no cívicos, presentan un carácter genérico que no permite determinar con exactitud la ciudad de su portador 16 .
Centros de destino de los hispanos estudiados
El principal destino de esta emigración hispana fue la ciudad de Roma, que, en su condición de capital y urbe más populosa del Imperio, ejerció una gran capacidad de atracción para gentes de todo el Mediterráneo. En ella trabajaron durante un tiempo o residieron de forma permanente un total de 57 hispanos (80,28% de la muestra estudiada). Esta cifra supera ampliamente a la segunda ciudad más representada en el corpus epigráfico de este trabajo, el puerto de Ostia Antica, donde conocemos tres casos (n.os 1, 28 y 51). Los ejemplos restantes se distribuyen por distintos puntos de la geografía italiana, habiéndose documentado la presencia de hispanos en Nuceria Camellaria (n.° 3), Verona (n.° 12), Casinum (n.° 13), Tusculum (n.° 25), Mutina (n.° 41), Capua (n.° 47), Luceria (n.° 48), Tibur (n.° 49), Pollentia (n.° 53) y Pompeya (n.° 64), tal y como podemos ver en la imagen 1. Asimismo, sabemos que otro hispano falleció en algún lugar indeterminado de Italia, ya que su epitafio, que seguramente formó parte de un cenotafio erigido en su Complutum natal, se refiere a él como Italia defuncto (n.° 62).
Cronología de las inscripciones analizadas
La movilidad de los hispanos estudiados abarca un amplio período histórico que se inicia en el último tercio del siglo I a.C., momento al que corresponden las tres inscripciones más antiguas que hemos registrado, los epitafios de Iunia Amoena (n.° 16), M. Aemilius (n.° 41) y Epapra (n.° 47), y finaliza entre los siglos V-VI d.C., período en el que ha sido datada la inscripción del Tarraconensis Simplicius, fallecido en Pollentia (n.° 53). Los datos recogidos en la Gráfico 1 constatan que esta movilidad se produjo, principalmente, desde mediados del siglo I d.C. en adelante y durante toda la segunda centuria, período en el que llegaron a Italia 48 de los 71 hispanos estudiados; es decir, un 67,60% de la muestra reunida. Este hecho no debe valorarse como algo casual, ya que el notable aumento de la presencia de hispanos en Italia respecto al período precedente –en el siglo I d.C. apenas se registran 10 casos– fue consecuencia directa de la plena integración de la península ibérica en el mundo romano, impulsada por la colonización de César y Augusto y culminada tras la municiplización de época flavia 17 . Por el contrario, el volumen de esta emigración se redujo bruscamente a partir del siglo III d.C. en un contexto de gran inestabilidad. El inicio de esta etapa coincide también con la importante transformación social derivada de la Constitutio Antoniniana (212 d.C.), que extendió la ciudadanía romana a todos los habitantes libres del Imperio. Su entrada en vigor generó cambios jurídicos que tuvieron su correspondiente proyección en el sistema onomástico, donde, a partir de la dinastía Severa, se registra la progresiva desaparición de la origo, un hecho que dificulta y limita nuestro conocimiento sobre la movilidad de personas en la Antigüedad tardía 18 .
Status social y sexo de los hispanos residentes en Italia
La emigración hispana hacia Italia estuvo protagonizada fundamentalmente por varones de condición social libre, tal y como indicarían las referencias a la tribu y el empleo de estructuras onomásticas con tria nomina y filiación latina. En el extremo contrario se encuentran aquellos hombres y mujeres que indicaron, de una u otra forma, la existencia de lazos de dependencia personal. Contamos, en este trabajo, con dos individuos que señalan expresamente su condición de libertos: L. Numisius Agathemerus, oriundo de la Hispania Citerior (n.° 51), y Carpime (n.° 8), Gaditana, que fue liberta de un procurator Augusti. Esta condición libertina debe extenderse también a tres personajes relacionados con el comercio oleario que ejercieron funciones administrativas de carácter aparitorio, reservadas tradicionalmente a personas de esta condición social: D. Caecilius Abascantus (n.° 5), D. Caecilius Onesimus (n.° 7) y L. Marius Phoebus (n.° 19). De igual modo, conocemos otros dos casos donde sus protagonistas indicaron su status servil, condición que observamos en los epitafios de Hispanus, servus del evocatus Augusti Papirius Priscus (n.° 66), y Corinthus (n.° 30), esclavo de Helvius Philippus. Esta condición social podría extenderse también a aquellos personajes que presentan onomástica uninominal: Dubitatus (n.° 12), Lucifera (n.° 36), Atilia (n.° 43), Corbulo (n.° 45), Epapra (n.° 47), Phoebus (n.° 52), Crescens (n.° 64), Ephesia (n.° 65), Primulus (n.° 69) y Anthima (n.° 42), aunque en este último caso la pérdida de buena parte del texto nos hace ser prudentes en esta consideración. Todos ellos se documentan en los siglos I y II, es decir, con anterioridad a la promulgación de la Constitutio Antoniniana. Por tanto, su caso es diferente a los de Simplicius (n.° 53) y Rapetiga (n.° 70), cuya onomástica uninominal responde a un contexto distinto, propio de la Antigüedad tardía, momento en que la ciudadanía romana había perdido su valor como elemento vertebrador de la sociedad y la onomástica se había simplificado notablemente.
En lo relativo a la distribución por sexos, la documentación estudiada presenta un claro predominio masculino, ya que contamos con 51 hombres que constituyen un 71,83% de la muestra frente a tan sólo 16 mujeres, que equivalen a un 22,53% de las inscripciones estudiadas. A ellos debemos añadir cuatro inscripciones (n.os 23, 25, 62 y 71) donde la onomástica se ha perdido o se ha conservado de forma parcial, impidiendo la correcta identificación del sexo de los homenajeados.
Causas de movilidad
Las inscripciones recopiladas ofrecen, también, información sobre las causas de movilidad. En muchas de ellas se indica la actividad desarrollada por sus protagonistas, lo que permite constatar la existencia de desplazamientos por motivos laborales o de carácter económico, campo este último en el que destaca la movilidad generada por el comercio de productos como el aceite o las salazones de pescado. Sin embargo, conviene reseñar que contamos también con muchas inscripciones que presentan formularios simples o fragmentados donde no se indican las causas de movilidad, circunstancia que limita el análisis que podemos hacer sobre la trayectoria vital de sus protagonistas.
Entre las causas de movilidad más importantes que hemos detectado se encuentran las relacionadas con el comercio 19 . Numerosos negotiatores, mercatores y diffusores de origen hispano se desplazaron hacia los puertos y ciudades más importantes del Mediterráneo para comerciar con productos como el aceite, el vino o el prestigioso garum. Así lo indica expresamente Estrabón (Geog. III, 2, 6), que menciona la presencia de comerciantes hispanos en los puertos de Ostia y Puteoli. La importancia de estos intercambios se evidencia también en el Testaccio, donde se han documentado gran cantidad de ánforas hispanas, fechadas mayoritariamente en los siglos I y II d.C. 20 .
El produco más destacado fue el aceite de oliva, cuya explotación y comercialización generó grandes beneficios económicos y favoreció el desarrollo de una intensa movilidad geográfica en zonas de gran producción como la Bética 21 . Por lo general, los comerciantes de este gremio se organizaron en diversas corporaciones que desempeñaron un activo papel en el negocio del aceite. Una de ellas fue el corpus diffusorum, mencionado en CIL VI, 29722, al que habrían pertenecido los diffusores olearii D. Caecilius Abascantus (n.° 5), D. Caecilius Onesimus (n.° 7) y M. Iulius Hermesianus (n.° 14). Su labor estuvo relacionada con la venta y distribución de aceite a otros comerciantes más pequeños, actuando de esta manera como intermediarios, una actividad con la que obtuvieron importantes beneficios económicos 22 . Los dos primeros operaron en Roma durante los años centrales del siglo II d.C., y la fortuna acumulada les permitió desempeñar cargos administativos de carácter apartitorio, reservados generalmente a libertos 23 . Así, D. Caecilius Abascantus ejerció como lictor curiatus, mientras que D. Caecilius Onesimus hizo constar su labor como viator y apparitor Augustorum. A finales de la segunda centuria desarrolló también su actividad M. Iulius Hermesianus, que dedicó la inscripción funeraria de su liberta Iulia Zotica en Roma (n.°14). Este personaje es conocido también por dos inscripciones encontradas en Écija, probablemente su ciudad natal, donde fue homenajeado por su hijo y su nieto en un espacio cedido por el ordo Astigitano (CIL II2/5, 1180), y Sevilla, donde un epígrafe lo define como diffusor olei ad annonam urbis y curator del corpus oleariorum 24 .
Junto a este corpus diffusorum existió también en Roma un corpus de negotiatores olearii, cuya presencia se desprende del homenaje que Caecilius Hospitalis (n.° 6) y Cassius Faustus (n.° 8) tributaron en el año 147 d.C. a M. Petronius Honoratus, patrono de los negotiatores olearii ex Baetica. Ambos personajes consagraron esta inscripción en nombre del corpus negotiatorum, una organización que debió agrupar a los comerciantes de aceite que operaban a gran escala 25 . A esta corporación habría pertenecido también una negotiatrix olearia de onomástica desconocida que falleció en Roma entre los años 130 y 170 d.C. (n.° 25).
Finalmente, quedaría por reseñar el caso de L. Marius Phoebus (n.° 18), el único personaje que hasta el momento se ha definido como mercator olei Hispani ex provincia Baetica. Su epitafio se data en el último cuarto del siglo II d.C. y en él se hizo constar su desempeño como viator tribunicius decuriae maioris, una función aparitoria que estaría indicando su condición libertina. L. Marius Phoebus aparece en los tituli picti del Testaccio (CIL XV, 3943-3959) y es, probablemente, también el personaje mencionado en una inscripción hallada recientemente en Córdoba (CIL II2/7, 544) 26 .
También han sido relacionados con el comercio del aceite, aunque sus inscripciones no lo especifiquen, los Tuccitani M. Gallius Fabullus (n.° 13) y P. Petilius Colonus (n.° 20). El primero falleció en Cassinum con 19 años entre los reinados de Claudio y Trajano. Su epitafio recoge los honores póstumos decretados por el ordo de esta ciudad itálica, que distinguió a este tuccitano con la concesión de funus publicum y locus sepulturae. El segundo ha sido documentado en Roma, donde ejerció como scriba aedilium curulium. Ambos personajes han sido vinculados por H. Solin con el aceite bético. Considera que M. Gallius Fabullus podría haber sido un olearius y que la actividad de P. Petillius Colonus como scriba presenta similitudes con la de aquellos diffusores béticos que ejercieron funciones aparitorias en Roma 27 .
La última inscripción incluida en este trabajo que podemos relacionar con el comercio oleario es la de C. Iulius Hermes (n.° 14), emparentado probablemente con el diffusor olearius M. Iulius Hermesianus (vid. supra). Este personaje actuó como conductor horreorum Seianorum lustri terti, expresión que aludiría a los horrea situados junto al Porticus Aemilia, lugar donde se almacenaban las mercancías que Roma recibía a través del Tíber. Según F. Coarelli, las ánforas de aceite bético se despositaban en los horrea Galbana, aunque A. Aguilera considera que el destino de estos recipientes habría sido más bien los horrea Seiana, situados en el distrito romano del Testaccio 28 . A ellos haría referencia la inscripción de C. Iulius Hermes, que habría sido el responsable (conductor horreorum) de gestionar este enorme complejo de almacenes en la segunda mitad del siglo II d.C. 29
Tras el aceite, el producto hispano más destacado era el garum, un producto que generó grandes beneficios económicos en el sur hispano, donde se documenta el ascenso social, a partir de época flavia, de varios comerciantes enriquecidos por esta vía que alcanzaron una notable posición en sus ciudades 30 . Algunos de estos mercaderes, como P. Clodius Athenio (n.° 10), se instalaron posteriormente en Roma. Este personaje, probablemente un liberto si tomamos como referencia su cognomen griego, desarrolló su actividad comercial en la capital imperial durante la segunda mitad del siglo II d.C. Allí ejerció como negotians salsarius, término que alude a la producción y comercio a gran escala de distintas salsas elaboradas a base de pescado. Además, su mención como q(uin)q(uennalis) corporis negotiantium Malacitanorum, esto es, como jefe del gremio en Roma, indicaría su papel rector en el seno de esta corporación que agrupó a los comerciantes malacitanos dedicados a la producción y venta de salazones. La notable posición de Athenio se refleja, asimismo, en dos inscripciones del siglo II d.C. encontradas en Málaga. La primera de ellas (CIL II, 1971) recoge el homenaje que este personaje dedicó, en nombre de los cives de Malaca, a Valeria Lucilla, esposa del procurator Baeticae L. Valerius Proculus, probablemente como gesto de agradecimiento de los comerciantes de la ciudad por su gestión al frente de la provincia 31 ; la segunda (IG, XIV 2540), escrita en griego, contiene la dedicación realizada por el koinon de los sirios y asia[nos?] (Sírioi kaí Asía [oi?]) de Malaca a un personaje llamado Clodi [o, - - -], patrón y presidente de esta asociación, que ha sido identificado tradicionalmente con P. Clodius Athenio. Es probable que este koinon fuese un collegium de negotiatores dedicado también al comercio marítimo 32 .
Con un motivo comercial, vinculado quizás también a las salazones, pudo haber estado relacionada la presencia en Ostia Antica de M. Aemilius Malacitanus (n.° 1), documentado en una inscripción funeraria de los siglos I o II d.C. Su cognomen hace referencia al municipium de Malaca, conformando así una indicación de procedencia 33 .
Otra actividad económica que generó notables beneficios fue el comercio del vino. Con ella ha sido relacionado el negotiator L. Numisius Agathemerus (n.° 51), un liberto procedente de Hispania que fue enterrado junto a su esposa en Ostia Antica 34 . Este personaje ha sido vinculado con los Numisii de Tarraco, una familia que alcanzó cierta relevancia social en el siglo II d.C., tal y como reflejan las carreras públicas de L. Numisius Ovinianus (CIL II2/14, 1156) y su hermano L. Numisius Montanus (CIL II2/14, 115 y 1213), que alcanzaron el flaminado provincial, posición desde la que el segundo de ellos promocionó al orden ecuestre. Es posible que L. Numisius Agathemerus fuese el encargado de dirigir las operaciones comerciales de esta familia en Italia, actuando como representante de su patrono. Su actividad como negotiator le habría generado importantes ganancias que facilitaron su nombramiento como sevir Augustal de Ostia, hecho que constituye un claro ejemplo de promoción social ligada al comercio.
Junto a estos desplazamientos, claramente vinculados al comercio, la documentación reunida certifica la existencia de traslados que podemos relacionar con actividades laborales. Sería el caso de Epapra (n.° 47), vilicus sociorum Sisaponensium, que falleció entre finales del siglo I a.C. e inicios del I d.C. en la zona suburbana de Capua. Fue probablemente esclavo de la societas Sisaponensis, una de las compañías de publicani que explotó las minas hispanas durante el período republicano. En su condición de vilicus, Epapra se habría encargado de supervisar la recaudación de los impuestos públicos (vectigalia) que su societas había contraído en el área de Sisapo 35 . Su vinculación con esta
compañía ha permitido plantear su origen hispano 36 , aunque su nombre, de ascendencia griega, se conoce en dos inscripciones de Capua (CIL X, 4473, y 8056,133) y se documenta con cierta frecuencia en Campania, por lo que no sería descartable el origen itálico o incluso oriental de este personaje 37 . Algunos autores han considerado que su presencia en el sur de Italia respondería a una misión comercial por encargo de la societas Sisaponensis 38 . Sin embargo, el hecho de que nos encontremos ante una sepultura familiar podría indicar también que Epapra decidió retirarse en Capua junto a su esposa Provincia, a la que habría conocido en Hispania, tal y como reflejaría la curiosa metonimia que presenta su nombre 39 .
También por causas laborales debió desplazarse el medicus Rapetiga (n.° 70), que fue sepultado en Roma en el año 388 d.C. Su epitafio apenas nos aporta información sobre su trayectoria, aunque podemos suponer que su presencia en la capital imperial estuvo vinculada al desarrollo o aprendizaje de su actividad profesional.
Finalmente, cabe destacar la presencia en nuestro corpus epigráfico de varias inscripciones que aluden a desplazamientos relacionados con actividades lúdico- deportivas. En este apartado sobresale el auriga lusitano C. Appuleius Diocles, al que conocemos por dos inscripciones halladas en Roma y Praeneste (n.° 26 a y b). La primera, datada en 146-150 d.C., fue encontrada en la zona del Vaticano, donde se emplazaba el circo de Nerón, y en ella se recogía la impresionante trayectoria deportiva de Diocles, que obtuvo 1462 victorias. Tras su retirada, se estableció en Praeneste, donde es mencionado en una dedicatoria a la Fortuna Primigenia realizada por sus hijos. En ella vuelve a señalarse tanto su profesión (agitator) como su procedencia, indicada con la fórmula natione Hispanus.
En el ámbito de los combates gladiatorios conocemos al retiarius M. Ulpius Aracinthus (n.° 55), que falleció en Roma durante el siglo II d.C. y alcanzó el grado más alto dentro de la carrera gladiatoria (palus primus) 40 . Su onomástica con tria nomina indicaría que se trató de un personaje de condición libre, probablemente un liberto, tal y como se desprende de su cognomen griego 41 .
No existen dudas sobre su origen, ya que la expresión natione Palantinus lo vincula con la ciudad de Pallantia (actual Palencia). Sin embargo, el término Hispanus de la cuarta línea ha generado cierto debate, ya que algunos autores lo consideran un etnónimo que precisaba su procedencia 42 , mientras que otros estiman que aludiría más bien al modus pugnandi o al ludus de formación de M. Ulpius Aracinthus 43 .
Conclusiones
La documentación reunida constata la presencia, en Italia, de un numeroso grupo de hispanos procedentes, en su mayoría, de comunidades con estatuto jurídico privilegiado, esto es, colonias y municipios (tabla 1). El principal destino de esta emigración fue la ciudad de Roma, donde han sido documentados 57 de los 71 personajes estudiados (imagen 1). La movilidad de estos hispanos abarca toda la etapa imperial, aunque fue particularmente intensa en la segunda mitad del siglo I y durante todo el siglo II d.C. (gráfico 1). Se trata, en casi todos los casos, de una movilidad que presenta carácter definitivo, circunstancia que se refleja en la naturaleza funeraria de la mayoría de las inscripciones incluidas en el corpus epigráfico de este trabajo.
Entre las causas que motivaron los traslados documentados se encuentra el desarrollo de actividades económicas y comerciales. Fueron muchos los hispanos que se desplazaron hasta Italia por esta razón, destacando particularmente la presencia en Roma y Ostia de un grupo de negotiatores, mercatores y diffusores que participaron en el intercambio de productos con gran fama en Hispania, como el aceite, el vino y el garum (n.os 1, 5, 6, 7, 8, 10, 13, 14, 18, 20, 25, 51).
La movilidad estudiada estuvo protagonizada fundamentalmente por varones, cuyos testimonios conforman el 71% de la documentación reunida. La mayoría de ellos eran de condición libre, como indican sus estructuras onomásticas con tria nomina, aunque también hemos documentado varios libertos (n.os 5, 7, 8, 19, 51), colectivo con un alto grado de movilidad en la Antigüedad, y personajes de status servil (n.os 12, 30, 36, 42, 43, 45, 47, 52, 64, 65, 66, 69), cuya movilidad estuvo sujeta a la voluntad de sus amos.
En último término, conviene señalar que la documentación reunida aporta también información sobre el papel jugado por estos hispanos en sus centros de destino, donde algunos de ellos desempeñaron puestos de cierta relevancia, como L. Numisius Agathemerus (n.° 51), que fue designado sevir Augustal en Ostia, o aquellos diffusores olearii que, gracias a su fortuna, accedieron al ejercicio de funciones aparitorias en la administración romana (n.os 5, 7, 18 y 20).
Resumen:
Introducción
Comunidades de origen de los hispanos estudiados
Centros de destino de los hispanos estudiados
Cronología de las inscripciones analizadas
Status social y sexo de los hispanos residentes en Italia
Causas de movilidad
Conclusiones