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in Cuadernos de Historia
Ethan Kleinberg. Historia Espectral
Ethan Kleinberg es profesor de Historia y Letras en la Universidad de Wesleyan, Estados Unidos, editor ejecutivo de la revista History and Theory y cofundador del colectivo Wild mon Collective con Joan Scott y Gary Wilder. Su trabajo se ha especializado en cimentar una Historia Crítica, en conjunto con la Teoría de la Historia y la Historia Intelectual centrada en autores europeos. Pese a ser uno de los escritores más audaces con respecto al análisis historiográfico y el rol del historiador en el siglo XXI, de sus cinco obras publicadas a la fecha, únicamente Historia Espectral ha sido traducida al español. Además, ninguno de sus escritos ha sido reseñado por revistas chilenas. No obstante, gracias a los esfuerzos de los directores de la Colección Historiografía Posmoderna de la editorial chilena Palinodia, Luis De Mussy y Miguel Valderrama, lograron publicar el 2021 la obra que reseñaremos a continuación.
Historia Espectral se constituye como una reflexión en torno al empleo de la deconstrucción como técnica de investigación histórica. Para ello, el análisis a la obra de Jacques Derrida se transforma en el hilo conductor a lo largo de los cinco polémicos capítulos, donde Kleinberg caracteriza conceptualmente la historiografía dominante en Europa y en Estados Unidos como una de tipo conservadora. El escritor acusa a los historiadores convencionales, entre ellos Lynn Hunt, de asimilar la deconstrucción con el relativismo histórico, por el papel predominante que se le da al lenguaje, lo que supone una falta de sentido en torno a la desvinculación entre significante y significado. Esto implicaría construir una epistemología incompatible con la Historia. Sobre esto, la propuesta principal del autor estadounidense es desarrollar un enfoque de tipo fantológico que permita ver al pasado como algo que es 1 ; siendo una tercera vía entre el realismo ontológico y el constructivismo. El primer movimiento historiográfico conlleva por parte de los historiadores la actitud de anclar sus ‘objetos’ de estudio a un tiempo y espacio específico, considerándolos elementos que ‘realmente sucedieron’. La garantía de esta perspectiva se encuentra en los datos empíricos, en el trabajo de archivo y la construcción de extensos pies de página.
Por otro lado, el movimiento constructivista, donde destacan autores como Hayden White, Frank Ankersmit, Eelco Runia o Hans-Ulrich Gumbrecht, quienes son señalados por Kleinberg como personajes críticos a la metodología realista en la historiografía. Aunque, esto no significa que no hayan repetido comportamientos similares, dado que conciben lo pretérito desde una presencia material en el presente 2 . En consecuencia, Kleinberg, frente a estas dos epistemologías, manifiesta la necesidad de optar por el camino deconstructivista, debido a que ofrece elementos, tanto de la presencia como de la ausencia del pasado, en el tiempo presente, que permite afrontar de mejor forma la investigación histórica.
Sobre esto, la obra de Derrida asoma como el espacio de reflexión que permita reformular la Historia como una “monumental, estratificada, contradictoria […] que implica una nueva lógica de la repetición y de la huella” 3 . Esto supone una relación abierta y continua entre pasado, presente y futuro, suponiendo que los elementos historizados, al ser narrados en una obra histórica, pierden su contexto ‘originario’. Por tanto, se cuestiona el ideal realista ontológico de caracterizar las cosas tal como sucedieron. La entrada fantasmal del pasado, de lo desconocido y lo ausente en las fuentes, al encuentro del historiador, es lo que destaca el autor del trabajo de Derrida.
En este aspecto, Kleinberg caracteriza el deconstructivismo, destacando las lecturas erróneas realizadas por la historiografía, especialmente, la realizada por los investigadores culturales como Joyce Appleby, Lynn Hunt o Joshua Kates. De hecho, el estadounidense manifiesta que la historiografía ha asociado esta metodología con conceptos como el postestructuralismo, el giro lingüístico o el postmodernismo. Esto ha conllevado que los manuales historiográficos supongan que la genealogía sea semejante a la deconstrucción, o que la obra de Derrida sea idéntica a la de Michel Foucault 4 . Por ello, Kleinberg decide traer al escenario este fantasma, ya que ha sido criticado, pero muy pocas veces se ha logrado aplicar en trabajos históricos.
Entonces, la deconstrucción propone comprender un texto, cualquiera sea su fuente material, como un espacio de confrontación donde se establecen jerarquías que potencian significaciones y ocultan otras. El autor original del documento no tiene control absoluto sobre su creación porque entran en acción mecanismos, muchas veces, inconscientes, que actúan en el orden de importancia de los elementos de la obra. Este procedimiento interpela, según Kleinberg, la lógica de la redacción historiográfica, que se preocupa por explicitar acontecimientos que sean entendibles. La deconstrucción supondría un proceso constante de desarticulación-articulación que cuestiona la edificación académica. La Historia, para el convencionalismo metodológico, necesariamente debe construir algo, mientras que la deconstrucción solo ofrecería una crítica interminable que desarma el proyecto de la Historia como ciencia.
Es así que, el autor nos manifiesta que la deconstrucción puede parecer tan radical, y lo es, porque posibilita utilizar la fantasía como una herramienta fundamental en la elaboración de los textos históricos. Esta no está supeditada a un rol secundario frente al archivo, lo que cuestiona la identificación de la Historia como una ciencia. De hecho, para Kleinberg esto no es una actitud relativista, ya que esta epistemología busca comprender las “condiciones que rodean la construcción de una narrativa histórica tanto en términos de contenido como de forma” 5 .
Kleinberg comprende el paradigma de la presencia, como espacio de elaboración de lecturas del pasado, a partir de autores como Frank Ankersmit, Hans Ultich Gumbrecht y Eelco Runia. Estos pensadores posicionan, desde sus lecturas, al giro lingüístico como el catalizador de la idea de que el pasado es una construcción, lo que conllevó, para ellos, un relativismo intelectual. Por ello, estos historiadores manifestaron la necesidad de situar la lupa en los hechos que realmente acontecieron, posicionando la experiencia por sobre el lenguaje, implicando centrar la atención en elementos como la cosidad 6 de los fenómenos, por sobre la textualidad. Por consiguiente, no solo la deconstrucción fue vista como un “enemigo”, sino que también las Teorías del Discurso, en su amplio espectro, fueron rechazadas.
Ahora bien, Klienberg no solo analiza el panorama actual historiográfico, sino que también se centra en figuras europeas del siglo XVIII y XIX, tales como Johann Chladenius, Joann Droysen y Wilhelm Dilthey. El objetivo es comprender un momento en que la Historia se estaba convirtiendo en una disciplina de la mano de ramas como la teología, que posibilitó la creencia de acceder al pasado como un acto de fe; a saber, lo pretérito es accesible para todo el que desea buscarlo. Así pues, estos tres autores representan, desde diferentes posiciones metodológicas, el intento del realismo ontológico por narrar el pasado como una realidad palpable. Aunque, se problematiza con variables como el grado de objetividad de una investigación o la influencia de los intereses particulares del investigador.
El análisis a los autores europeos le permite a Kleinberg profundizar, hacia el final de su obra, en las razones de por qué el realismo ontológico ha sido la mirada dominante por tanto tiempo en la disciplina. Para ello, el historiador se centra en espacios como las escuelas de postgrados o las editoriales, las cuales describe como los únicos centros legitimados para producir conocimiento histórico. En estos sitios se imponen las lógicas del realismo ontológico, pues cercan al historiador a cumplir ciertos estándares en sus narraciones.Por ejemplo, las monografías y los artículos científicos son los géneros impuestos por sobre la novela o el aforismo. Además, la problematización del archivo sigue siendo un comportamiento menor, porque se le considera como una fuente documental, más que un objeto de estudio en sí mismo.
En este aspecto, Kleinberg manifiesta que la escritura histórica puede verse influenciada por la lógica de la différance propuesta por Derrida, la cual entiende a la narración como un ente problemático en sí mismo. Asimismo, el enfoque fantológico permite ver el pasado como presencia y ausencia al unísono (representado gráficamente como el pasado es). Esto fue expuesto por Derrida en obras como Tímpano o La doble sesión, donde llevó a los límites las normas editoriales. Por ello, el autor resalta nuevas formas de redacción, como la novela TOC de Steve Tomasula, pues se mezclan diversidad de géneros literarios con fragmentos audiovisuales, piezas sonoras y uso de imágenes. Asimismo, el cine vivo de Jay Scheib es un ejemplo de tensionar los espacios de producción: obras donde se mezcla la dramaturgia en vivo, con archivos grabados expuestos en múltiples pantallas con una audiencia en vivo.
De este modo, el pasado como presencia y ausencia posibilita la observación de elementos que se encuentran “escondidos, enterrados, olvidados o perdidos” 7 . Estos son tan problemáticos para el historiador, pues no obedecen a un tiempo o espacio en específico. A diferencia del realismo ontológico, el deconstruccionismo entiende que el pasado ya no está en nuestro tiempo, pero este al regresar se presenta como algo nuevo, entendiendo que ya es remoto. En otras palabras, comprender la inestabilidad del pasado en un plano de la actualidad, donde hay elementos presentes, pero también ausentes, que son necesarios para “renovar [la] crítica y, sobre todo, para radicalizarla” 8 . Esto posibilita romper el paradigma de la Historia como una narrativa lineal, de situar objetos de estudio en una cronología particular, creyendo que podemos poseerlos, trasladándolo de un lugar a otro. En suma: “el historiador se ocupa de las huellas del pasado que tenemos a mano, pero nuestro objeto de investigación […] no tiene propiedades ontológicas en el presente” 9 .
Finalmente, Kleinberg propone a nivel teórico superar el realismo ontológico, en pos de situar a la deconstrucción como una alternativa viable. Empero, resulta extraño que el autor no dialogue con perspectivas actuales que problematizan el concepto del tiempo, como el régimen de historicidad presentista o la conformación del acontecimiento histórico. En efecto, en la obra nunca son citados autores como François Dosse 10 o François Hartog 11 quienes, pese a que no comparten la visión deconstructivista del estadounidense, entregan ciertas luces de cómo el historiador puede enfrentar los tiempos de crisis que vive la disciplina.
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Author
Matías Salazar González
Universidad de Chile, Chile, Chile