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in Cuadernos de Historia
“Del gualato al subcontrato salmonero”, trayectorias laborales de campesinos y campesinas del sur austral de Chile (1970-1990).
Resumen:
Este artículo es un estudio de historia social y del tiempo presente que analiza las transformaciones del trabajo en el sur austral de Chile, a partir de la coexistencia de economías asalariadas y no asalariadas en el archipiélago rural de Chiloé entre 1970 y 1990, considerando los impactos del neoliberalismo y la instalación de empresas salmoneras. Se busca visibilizar las particularidades de la neoliberalización del trabajo en la ruralidad desde las memorias de sus protagonistas, en perspectiva descentrada y de género.
Introducción
Con el neoliberalismo implementado en Chile en tiempos de dictadura cívico-militar, el Estado se caracterizó por una apertura al mercado extranjero, la privatización de los servicios dirigidos a la sociedad civil (salud, educación, jubilaciones como ejemplo) y la promoción de la competencia desregulada del empresariado, con la finalidad de fomentar el crecimiento macroeconómico del país. En este trabajo se plantea una aproximación “descentrada” y en clave de género del impacto del neoliberalismo, abordando las transformaciones desarrolladas en el sur austral latinoamericano a partir de los campesinos migrantes del sur de Chile. Esto se hará desde tres categorías: trabajo, género y neoliberalismo, que contribuirán a la historia social del trabajo y a la historia del tiempo resente, considerando la particularidad de los espacios y los sujetos que lo habitan.
El presente artículo pretende analizar históricamente y en clave de género las transformaciones del trabajo campesino en el archipiélago de Chiloé rural entre 1970 y 1990. Nuestro sujeto histórico son los campesinos y campesinas chilotes y chilotas
1 , con trayectorias de trabajo y subsistencia ligadas al sur austral de Chile durante el siglo XX, en busca de trabajos no calificados 2 y ganancias superiores a lo agrícola de minifundio o la pesca. Es decir, cómo la economía del gualato 3 se transformó e impactó en la división sexual del trabajo y en la precarización de la vida campesina y sus cuerpos 4 , como un “desencuentro entre tradición y modernidad” 5 . Las industrias salmoneras se ubicaron en los espacios más apartados del archipiélago de Chiloé, caracterizados por la ruralidad, el trabajo agrícola, la recolección de orilla y la pesca artesanal, con trabajadores con baja o nula calificación laboral debido a la alta deserción escolar de la zona durante gran parte del siglo XX. ¿Cómo se transformaron las trayectorias laborales de los campesinos y campesinas del archipiélago de Chiloé/ sur de Chile entre los años setenta a noventa? ¿Qué repercusiones tiene el neoliberalismo en el habitar de campesinas y campesinos del archipiélago de Chiloé, entre 1970 y 1990? ¿Cuáles son las consecuencias de la instalación de industrias salmoneras en las condiciones de vida de mujeres y hombres del archipiélago de Chiloé, entre 1980 y 1990?
Teniendo como énfasis la mirada en la economía campesina chilota de minifundio durante 1970 y 1990, se plantea como hipótesis que las trayectorias laborales de campesinos y campesinas de Chiloé respondieron a las dinámicas del empleo precario impuestas desde la dictadura cívico-militar a través de la industria salmonera, que impactó en el habitar y la división sexual del trabajo de hombres y mujeres del archipiélago rural. Coexiste una economía rural de subsistencia no asalariada (caracterizada por diversas estrategias de producción y reproducción de la vida, como la agricultura, recolección de orilla, extracción forestal a pequeña escala) y una asalarización, que permite comprender en clave de género 6 el impacto diferenciado de la neoliberalización del trabajo 7 y el subcontrato para hombres y mujeres en Chile, sobre todo cuando estas últimas eran madres, pero no así cuando los hombres eran padres 8 .
Centrarnos en Chiloé rural como espacio, implica reconocer la carencia de estudios historiográficos sobre el impacto del neoliberalismo en hombres y mujeres del sur austral de Chile en clave de género, a diferencia de los estudios de ciencias sociales, desde la sociología rural y la antropología, que abundan hasta la actualidad. Esta investigación propone pensar históricamente el territorio como un espacio complejo donde se desenvuelven diversas relaciones sociales, económicas y de género, como los vínculos entre lo rural y lo urbano en correlato con la desigualdad de los territorios, y donde además podemos encontrar distinciones particulares respecto a las historicidades de mujeres madres campesinas en las difuminadas fronteras imaginadas de lo privado y lo público.
Desde la historia del tiempo presente como enfoque historiográfico 9 , la metodología de trabajo se caracterizó por la recolección y análisis de prensa y documentos de la época, además de testimonios de campesinos y campesinas del archipiélago de Chiloé, considerando sus trayectorias laborales en el sur austral de Chile como parte de un proceso de neoliberalización del trabajo en el marco de la dictadura cívico-militar (1973-1990). Los testimonios recopilados 10 entre 2016 y 2019 son del norte, centro y sur del archipiélago de Chiloé. Los seis campesinos que dieron sus testimonios fueron migrantes y posteriores trabajadores subcontratados entre las décadas de 1970 y 1990, mientras que las mujeres se caracterizaron por ser dueñas de casa y esposas de estos migrantes en ese período y otras, por ser trabajadoras del salmón desde la década de los ochenta. Para el caso de las doce mujeres entrevistadas, algunas de ellas eran esposas de migrantes, o bien campesinas solteras que habitaron o habitan la ruralidad durante el período de estudio (1970-1990) e ingresaron a empresas salmoneras.
Neoliberalización del trabajo en Chile: transformación capitalista y repercusiones en hombres, mujeres y naturaleza
El archipiélago de Chiloé comprende un vasto y accidentado territorio con alrededor de cuarenta islas menores, más la isla grande de Chiloé 11 . Son las islas menores las que hasta el tiempo presente se caracterizan por una persistencia de la agricultura para la autosubsistencia, siendo predominantemente rurales.
El capitalismo histórico –o periférico– impacta en espacios donde conviven las formas capitalistas clásicas de trabajo con las formas “no capitalistas” que, en este caso, están encarnadas en el trabajo por la autosubsistencia que aún realizan los campesinos del interior del archipiélago, campo y mar. Esto responde a lo que algunos estudios señalan como el envejecimiento de la población y una generación más joven asalariada posterior a la década de los ochenta, “un nuevo proletariado [...] [lo que] ha afectado fuertemente el uso de suelos rurales y la mantención de ciertas prácticas rurales” 12 . Asimismo, puede explicarse con una jerarquización del espacio, un centro y una periferia oculta, mostrada como “benigna” a través de las transnacionales, pero que enmarca un intercambio o flujo desigual de mercancías, productos y capital, con territorios “ganadores” y “perdedores” entre el centro y la periferia 13 , hay “un flujo constante de plusvalía de los productores de productos periféricos hacia los productores de productos centrales [...]” 14 . Con el ingreso de la industria extranjera y la imposición de un modelo de desarrollo que aboga por la apertura de mercados, el fomento de la inversión extranjera, el extractivismo y la subordinación del desarrollo humano para el desarrollo macroeconómico, se evidencian transformaciones en las periferias insulares, con una red global del capital que se expande y “exige el abaratamiento extremo del trabajo como requisito para su radicación” 15 . La sociedad de la periferia debió responder a un centro administrativo que ni siquiera formaba parte de los límites nacionales, vendiendo fuerza de trabajo y permitiendo la explotación de los recursos naturales bajo una promesa de crecimiento económico y mejor calidad de vida.
La Junta Militar elaboró un programa económico alternativo al implementado por la Unidad Popular (1970-1973), concluyendo que: “con la subsidiariedad se liberó a los chilenos de continuar siendo los nuevos esclavos del Estado y se abrió un nuevo campo de iniciativas que conducirían al pleno desarrollo del país” 16 . Una “contrarrevolución” que negó los derechos de los trabajadores y los movimientos populares 17 , permitió la privatización de activos públicos y la reversión de las nacionalizaciones, también la libertad de estas industrias extranjeras para explotar los recursos naturales 18 . Se desreguló el mercado laboral y se prohibió la sindicalización y la huelga legal como expresión de las demandas de las y los trabajadores. 19 . Asimismo, las empresas prefirieron la tecnología automatizada y la división del trabajo a través de la subcontratación para el abaratamiento de costos de producción. El dominio del capital se superpuso a la fuerza de trabajo en el mercado 20 , siendo la precarización y la flexibilidad laboral 21 , el subcontrato 22 , la pobreza 23 y la depredación de los recursos naturales, de las principales herencias del régimen militar en tanto implementación del capitalismo en su fase neoliberal. Respecto a la naturaleza, esta es “considerada por el capital [...] sólo como una gran reserva de valores de uso potenciales [...], que pueden ser utilizados directa o indirectamente mediante la tecnología para la producción y realización de los valores de las mercancías” 24 . Es importante destacar que el impacto del capitalismo en su fase neoliberal no reemplaza formas de habitar o de producir espacio y economía, sino que se apropia del espacio preexistente, transformándolo: “Esto lo logra por y a través de la urbanización, bajo la presión del mercado mundial, al amparo de la ley de lo reproducible y de lo repetitivo, anulando las diferencias espacio-temporales, destruyendo la naturaleza y el tiempo natural” 25 .
Según Gabriel Salazar, la neoliberalización del trabajo permitió la aparición de un nuevo tipo de proletariado, caracterizado por percibir bajos ingresos y trabajar en el sector comercio o servicios, siendo parte de las lógicas de la precarización laboral y hacer uso de su salario para el endeudamiento 26 . Resulta necesario revisar las formas con las que particularmente la neoliberalización del trabajo repercutió en la zona sur austral rural del país entre los años ochenta y noventa, con énfasis en los sujetos históricos y su habitar en un entorno progresivamente privatizado, considerando la categoría de género y su cruce con el trabajo y el capitalismo en los análisis de teóricas feministas de la historia y las ciencias sociales.
La categoría de género, el trabajo femenino y el capitalismo
El género como categoría contribuye a posicionar a la mujer como sujeto histórico 27 , complejizando la diferencia sexual, poniendo en evidencia la omisión de lo femenino en el relato historiográfico y planteando las relaciones sociales de género como relaciones de poder. Desde esta definición, entendemos el género como una construcción sociocultural más allá de la noción de sexo desde la diferencia anatomo-fisiológica entre hombre y mujer, que condicionaría sus formas de ser y hacer, 28 sino considerando los procesos, los cambios y continuidades sociales, políticas, económicas y culturales integralmente 29 , por ejemplo, como se estructura la producción y reproducción de la vida.
La diferencia sexual enlazada al género es una construcción cultural que permite el sometimiento de un sexo respecto a otro, reproduciéndose a través del patriarcado un orden donde el patriarca, páter, el dueño del patrimonio, ejerce poder y dominio
30 . Con la categoría de género tensionamos la diferenciación naturalizada de roles existentes en los espacios donde se desenvuelven las mujeres como sujeto histórico; como mujer-en-el-mundo, situada en un espaciotiempo, y que dialoga con el modelo de desarrollo instaurado. Debemos partir de la relación que existe entre el capitalismo y el género, y cómo se construyen las “diferencias” desde la acumulación originaria. El capitalismo interviene en los cuerpos, en la división sexual del trabajo y en lo que se concibe como “lo femenino”, los “trabajos de mujeres” y la mujer consignada al “trabajo reproductivo” en el mercado del trabajo
31 . En este sentido, se propone que la acumulación originaria capitalista permitió las diferencias y divisiones dentro
de la clase trabajadora, desde jerarquías de género hasta lo que respecta al salario, como elementos que profundizan el patriarcado
32 . Esto apunta a entender las diferencias entre actividades para la producción y para la reproducción de la fuerza de trabajo; asalariados y no asalariados respectivamente 33 . Hay un reconocimiento de la opresión al interior del hogar, que al mismo tiempo genera las barreras fuera de este 34 . Por esto deben considerarse las construcciones de la mujer en la familia obrera bajo el alero del capitalismo industrial, donde se disputan espacios entre la violencia y el amor, entre la prostitución y el matrimonio “bien constituido”. Estos binomios perpetúan el destino de las mujeres en el mundo de lo privado y a los hombres en lo público. Y en diálogo con el modelo de desarrollo establecido, permite el control y disciplinamiento de los cuerpos de las mujeres, más allá de lo binario 35 .
Para el caso de las mujeres del archipiélago de Chiloé, debemos considerar que el paso de una economía doméstica a otra de carácter asalariado dependió de muchos factores, entre los que se encuentra ser madres y único sustento del hogar, y en donde trabajar en salmonera significó una agudización de la precarización laboral y formas particulares de habitar el espacio, como las fuentes revisadas
nos indican. “Mujeres de cuerpos dañados” 36 por la flexibilidad laboral, por el cuidado y el trabajo permanente más allá del campo, como una realidad que también podemos encontrar en las mujeres trabajadoras de la fruta, pero con la diferencia que el sustento del hogar también es permitido a través de una economía tradicional ligada a la agricultura, la pesca y la recolección de orilla.
De la autosubsistencia a la proletarización: hombres migrantes del sur austral de Chile (1970-1980)
[…] aquí somos muchos los chilotes que trabajamos […] El ovejero y el puestero tenían que estar solos meses y años. Aquí tenemos el caso de un compañero que vivió tres años seguidos sin poder ir a su casa. No le alcanzaba la plata para el viaje; eso sí que mandaba todos los meses algo para su casa, para su familia 37 .
Desde la segunda mitad del siglo XIX, peones y campesinos se movilizaron a las minas del norte salitrero y las pampas argentinas por mejores condiciones de vida. 38 . Lo mismo hicieron aquellos que comenzaron a poblar otras ciudades del país, plegándose en industrias como obreros. Los chilotes formaron parte de estas migraciones, inicialmente dirigidas y luego espontáneas 39 , que se extendieron a lo largo del siglo XX. Se caracterizaron por ser migraciones estacionales, con hombres entre 14 y 60 años, que abandonaron sus campos para trabajar en otros lugares (principalmente al sur), luego retornar con lo recaudado y proseguir con las labores agrícolas y pesqueras para el sustento de la familia nuclear. Durante la dictadura cívico militar chilena (1973-1990) se llevó a cabo una serie de programas asociados a entregar trabajo y mantener a la población ocupada en obras públicas. Sin embargo, eran labores esporádicas y mal pagadas, por lo que no todos los campesinos acudieron a este espacio 40 . Los testimonios de hombres campesinos aludieron a infancias atravesadas por el trabajo agrícola, ganadero y costero, donde muchos fueron mano de obra campesina del hogar en vez de estudiantes en la educación formal 41 . No obstante, como también consignamos en los testimonios de mujeres campesinas, estas no fueron excluidas de las tareas agrícolas, de recolección de orilla y crianza ganadera.
La deserción escolar temprana masculina y femenina permitió la mantención, cuidado y crianza de animales para el propio consumo o intercambio o venta. Asistir a la escuela tensionó el trabajo familiar para la subsistencia, por lo que finalmente eran las familias las que decidían por los niños. Muchos no siguieron estudios formales y persistieron en el campo, para luego seguir la tradición de migrar al sur austral o incorporarse a la industria salmonera. Y aquellas niñas que desertaron fueron parte de la mano de obra doméstica que permitió la reproducción de la vida, o labores feminizadas en la fábrica. Una preocupación del Estado era que la mano de obra en el territorio estuviera ocupada, porque según datos del censo de 1970 la población económicamente activa (PEA) 42 rural de Chiloé equivalía a 22.902 personas, de un total activo en la provincia de 33.912. Este mismo censo mostró que el rubro donde más se desenvolvió la PEA de la provincia de Chiloé fue la agricultura, caza, pesca y silvicultura, donde 19.908 chilotes eran de ocupación agricultor o pescador 43 , siendo el minifundio o la pequeña propiedad atomizada de tenencia familiar el espacio de autosustento. 44 . En los testimonios se señalan las consecuencias que esta realidad generó para la población, sobre todo a fines de la década de los setenta, cuando el archipiélago se caracterizó por un alto porcentaje de tierras entregadas por sucesión 45 , que permitían la autosubsistencia de la unidad económica familiar 46 a través de la comercialización del excedente de productos cultivados.
A pesar de que en la prensa se señalaban trabajos esporádicos de chilotes en ciudades como Ancud 47 , nuestros entrevistados comentan que en el campo no había trabajo 48 . Migrar a Argentina o al sur austral de Chile en busca de mejores oportunidades laborales fue común para los campesinos chilotes, que desarrollaron trabajo agrícola y ganadero a pequeña escala, con trueques de alimentos que no entregaban el campo o el mar 49 . Sin embargo, tal como veremos más adelante, el auge de estas migraciones decayó a mediados de los ochenta, cuando las industrias salmoneras comenzaron a extenderse e instalarse principalmente en los espacios más apartados del archipiélago 50 . Según los testimonios de chilotes rurales de la época, las motivaciones de viaje eran la escasez por las pocas ganancias que dejaban las siembras de papa y trigo, la pesca artesanal y la recolección de orilla, ya que no permitía adquirir otros productos, como zapatos, radios 51 . El carácter de estas migraciones fue estacional, ya que esto permitió volver al campo y contribuir a la subsistencia de las familias de origen o recién formadas, donde generalmente eran las esposas quienes quedaban al cuidado de numerosos hijos 52 . Al ser la búsqueda de trabajo asalariado la principal causal de migración laboral de los hombres, desde un análisis de género, veremos que, a diferencia de las mujeres, los hombres migrantes no se vieron tensionados por sus trayectorias laborales en tanto padres o cuidadores, pero sí como esposos y jefes de hogar, como sustento económico asalariado que debía retornar al hogar de origen. El impacto de estos movimientos en el territorio de estudio se complejiza durante los ochenta, sobre todo con el desarrollo de la industria pesquera que diversifi có las fuentes laborales de la zona desde mediados de esa década, cuestión que fue aplaudida por la prensa regional y local, sobre todo por la posibilidad de superación de las tasas de desempleo 53 :
1
El trabajo orientado a la tierra y el mar no generó una remuneración estable, sino la necesaria para cuestiones básicas, arrastradas de la tradición minifundiaria. El trabajo de campo para el autoconsumo en la tierra heredada por generaciones y limitada a pequeñas hectáreas es lo que se evidenciará incluso hasta la actualidad, aunque cada vez menos 54 . A pesar de la pobreza, volvieron a sus hogares de origen, principalmente por el matrimonio, lo que nos enfrenta a otro análisis generizado del campesino migrante proveedor, jefe de hogar que sostenía el ideario de familia nuclear, ya que se volvió a la economía agraria para la
subsistencia, la pesca y la marisca, por las familias que dejaron 55 . Disminuyó la diversifi cación en la producción de minifundio y, con ello, la necesidad de buscar otros espacios para trabajar y subsistir económicamente. La juventud masculina que abandonó el trabajo de campo pobló la industria salmonera, ya que esta se presentó como alternativa frente a dejar el hogar y migrar al sur más austral o a Argentina, y el salario obtenido ya no iba al mantenimiento de los campos sino, principalmente, a la compra de bienes y servicios que el campo no ofrecía o que fueran parte de la cultura de consumo de la época 56 .
Campesinos migrantes del sur austral de Chile y su relación con las salmoneras (1980-1990)
Con el Decreto de Ley 600, promulgado en 1974, el Estado de Chile permitió que el capital transnacional accediera a las actividades productivas desde la premisa del trato no discriminatorio e igualitario respecto a los empresarios nacionales 57 . A principios de los ochenta se instalaron una serie de empresas salmoneras extranjeras por el sur austral de Chile, y al menos el 50% de la producción se estableció en Chiloé 58 . La llegada de las salmoneras fue vista por aquellos que décadas anteriores migraron, como la oportunidad para trabajar si la edad lo seguía permitiendo 59 . Hay un retorno asociado a la construcción de familia, sobre todo de aquellos otrora migrantes en edad de jubilarse; sin embargo, la mayoría no ingresó a la industria salmonera al advertir la progresiva cualificación de esta, tanto en los centros de cultivo como en las fábricas procesadoras, además de la movilidad de personas que trabajaron en el lugar y que fueron reemplazadas por maquinaria 60 . Hombres y mujeres de entre 20 y 50 años ingresaron a estas empresas esparcidas a lo largo del archipiélago. Esto se condice con los relatos de los campesinos insulares, que fueron testigos de esta avanzada de la industria acuícola.
El regreso al trabajo para la autosubsistencia de los campesinos que migraron a Magallanes o la Patagonia argentina no se condijo con el destino de sus hijos e hijas. Las mujeres del campo, sobre todo aquellas más jóvenes, se plegaron al trabajo de la industria salmonera, compatibilizando esta inserción con las labores domésticas y de cuidado. Así lo demuestran algunos testimonios, que al mismo tiempo reconocen que la industria salmonera impactó en la percepción que se tenía de las islas del interior del archipiélago y permitió que los campesinos no cualificados diversificaran sus actividades productivas: “estas islas como que no existían […] antes a nadie dieron ayuda, hasta que llegaron las salmoneras” 61 . Nos encontramos con el imaginario del abandono de la ruralidad insular, al mismo tiempo que una defensa al rol de la salmonera como visibilizadora del abandono a través de la entrega de trabajos, incluso servicios básicos 62 , considerando que el Estado de Chile no electrificó la isla de Quehui sino hasta 2015
63 . Como vimos, las empresas y el mundo privado se encargaron de las necesidades del mundo rural chilote, entregando trabajo y servicios básicos; mientras el Estado se alejaba cada vez de responder a estas necesidades, donde incluso la
empresa entrega útiles escolares para las escuelas, con el fin de “compensar” 64 la explotación del espacio
65 . Esto articula el argumento en torno a una defensa de las salmoneras como fuente de trabajo de espacios como las islas al interior del archipiélago. Las industrias salmoneras se asentaron en la ruralidad cerca de minifundios –con centros de cultivo de salmón– y cerca de ciudades –con fábricas de procesamiento del salmón– 66 , lo que impidió (al menos en nuestro
período de estudio) migraciones intraprovinciales, dado que los trabajadoresde las salmoneras eran del mismo sector.
Así también, los testimonios se refieren a las repercusiones de la industria salmonera, principalmente en el trabajo campesino y la juventud que se incorporó a las empresas de la isla 67 . “Se van a trabajar a otro lado po’, o a estudiar”, señala Antonia Barría, quien tampoco ingresó a trabajar a la salmonera y prefirió seguir con las labores del campo y el hogar, “soy dueña de casa no más [...] sembrando ya uno tiene pa’ vivir po’, pa’ comer no falta. ¿Qué más quiere uno?”. Esto nos regresa al argumento de la importancia del trabajo agrícola para la subsistencia, donde las generaciones que vivieron su juventud en la etapa previa a la instalación de las salmoneras no consideraron integrarse como mano de obra, por las razones ya señaladas. No todos los chilotes rurales acudieron al llamado de la modernización neoliberal en el trabajo, a pesar de que las empresas salmoneras se instalaron principalmente en los espacios rurales más alejados y menos habitados del archipiélago. Era necesaria la mano de obra campesina que habitó estos territorios, ya que el alto índice de ruralidad incidió en el “disciplinamiento laboral” 68 . Convivieron las economías tradicionales y las neoliberales, y las dinámicas complejas e híbridas en el territorio, ya que al mismo tiempo que la mano de obra campesina no calificada contribuyó a la disponibilidad que necesitaba la industria salmonera, se adecuó a diversas estrategias de producción y reproducción de la vida en lo rural, con las siembras, pesca, recolección de orilla y extracción forestal dentro del minifundio, al enfrentarse al progresivo uso de maquinarias que reemplazaron brazos chilotes las décadas posteriores. Algunos chilotes habitantes de la ruralidad tuvieron una fuente independiente de ingresos 69 , pero no para todos fue así 70 . La tierra seguía siendo vital a pesar de la irrupción de esta nueva forma de percibir dinero para sobrevivir: “Acá igual la gente seguía trabajando en el campo; sí. Hasta el día de hoy cualquier peguita se hace o se trabaja en la siembra” 71 . Los hombres que trabajaron en los centros de cultivos y empresas salmoneras vivieron y sobrevivieron gracias al campo, a través de diversas estrategias; sin embargo, la industria fue la posibilidad de una remuneración estable que complementó la subsistencia a través de la siembra y la venta de productos cultivados, y muchas campesinas, madres, ingresaron a estos espacios en busca de autonomía salarial y así superar el confinamiento del hogar.
Las mujeres rurales de Chiloé: trabajadoras permanentes en la fábrica y el hogar (1980-1990)
La sureña es muy trabajadora. Infatigable. En Chiloé, por ejemplo, tiene que reemplazar al hombre en las labores agrícolas cuando éste se va a la esquila en Punta Arenas y Argentina […] ‘En nuestra casa –contaba Adelita Sánchez, de Quetro– es como estar en la cárcel, porque no salimos casi nunca. Lo que he trabajado yo no lo ha trabajado nadie, ni un hombre’ 72 .
Mientras los hombres migraron lejos de los trabajos de cuidados, las mujeres rurales del archipiélago de Chiloé compatibilizaron el trabajo doméstico y la autosubsistencia en sus hogares. Antonia Barría se quedó en casa “trabajando en el campo, mariscando. Esas son las pegas que hay acá en el campo. Yo tenía que estar ayudando a mi mamá” 73 . Su infancia estuvo igualmente marcada por el trabajo en los cultivos de papa, ajo y trigo, productos para la subsistencia y venta. Al momento de casarse, debió además encargarse de la crianza de los hijos mientras su marido Armando viajó a la Patagonia. Las actividades agrarias se complementaron con la recolección de mariscos y pesca, configurando una identidad rural-pesquera particular asociada a las características geográficas del archipiélago. La mayoría de los hogares de la época se ubicaron cerca del litoral, con el fin de abastecerse con productos marinos a través de la pesca artesanal en alta mar o la recolección de moluscos en las orillas. De esta forma, esta identidad rural-pesquera se forjó desde la infancia hasta la adultez de campesinos y campesinas del archipiélago, y con permanentes mujeres gestando la vida y los cuidados de la tierra y los hijos. Hacia la década de los ochenta, la forma tradicional de vida de las mujeres chilotas asociada al trabajo en la unidad económica familiar campesina comenzó a transformarse. Las mujeres jóvenes de la época migraron a los centros urbanos en busca de trabajo remunerado y otras oportunidades laborales además del trabajo campesino de subsistencia:
Las niñas jóvenes en su afán de buscar una nueva fuente de trabajo, se desligan de las tradiciones; influenciadas por los medios de comunicación adquieren nuevas costumbres o formas culturales foráneas. Un alto porcentaje emigra como empleadas domésticas a la zona norte o sur, donde cuentan con un trabajo seguro y bien remunerado 74 .
Otra oportunidad laboral para las mujeres chilotas eran las empresas de conservas que operaban en el archipiélago, las cuales procesaban jaibas, choritos, erizos y otros productos marinos. Estas empresas procesaban productos del mar que eran propios del ambiente marino de Chiloé y eran envasados para ser vendidos en el exterior. Estas compañías constituyeron la industria pesquera de la zona antes de la llegada de la salmonicultura, y emplearon una totalidad de 2.500 operarios, con un 70% de mujeres. La situación fue expuesta por la Oficina Promotora del Desarrollo Chilote (OPDECH), donde se demostró que las mujeres eran la mano de obra disponible en la provincia ante la migración masculina a otras zonas del país 75 . Nidia Manquemilla Hueicha relata que migró desde el campo de isla Coldita a la ciudad de Quellón para trabajar y tener un sueldo estable, ya que en el campo solo tenía la oportunidad de trabajar junto a sus padres como medio de subsistencia. Al igual que otras mujeres jóvenes que migraron a la ciudad, trabajó a los 18 años en una empresa que enlataba choritos, almejas y erizos en Quellón. Antes de las salmoneras esas eran las “pesqueras” del sector, pues posteriormente estas mismas empresas y otras nuevas introdujeron el salmón de manera paulatina 76 . Las mujeres del archipiélago, históricamente, estuvieron relacionadas a los trabajos de las economías rurales, a la extracción de mariscosy algas, y a labores domésticas, de las cuales no participaban los varones. Hacia la década de los ochenta comenzó a existir un cambio generacional, en el cual muchas mujeres jóvenes abandonaron la economía rural y migraron a las zonas urbanas en busca de otras oportunidades laborales. Estas mujeres se emplearon en el servicio doméstico y en las empresas de conservas con productos marinos existentes en el archipiélago.
Los hombres no formaron parte de las actividades domésticas dentro del hogar sino fuera de él, como la pesca en alta mar, proveer al hogar de leña para los fríos inviernos, sembrar y extraer la papa, el ajo o el proceso de molienda del trigo y la avena, junto con mujeres e hijos (as). Al mismo tiempo que muchas mujeres se dedicaron a las tareas del campo y del hogar, muchas, además, ingresaron a las salmoneras en tareas feminizadas, como Edith de isla Quehui, que fue cocinera de una salmonera, mientras su padre trabajó en la cosecha de salmones 77 . A pesar de haber ingresado a una salmonera, Edith no abandonó la unidad doméstica familiar y la crianza de su hijo como madre soltera, y por él y su padre, de avanzada edad, produjo y reprodujo la economía agrícola y de bordemar para la autosubsistencia. Tal como Edith, otros hombres y mujeres del archipiélago, que se asalariaron en las empresas salmoneras, mantuvieron sus actividades tradicionales como siembras, crianza de ganado, recolección de orilla. Así, se puede observar que la nueva forma de trabajo que llegó al archipiélago coexistió con las actividades tradicionales, pues estas no desaparecieron con la llegada del trabajo asalariado en las empresas del salmón.
Para muchos hombres de la zona, la incorporación de las mujeres a las empresas salmoneras fue inédito, pues antes no tenía ninguna opción laboral asalariada fuera del hogar. 78 . Las condiciones con las que las campesinas comenzaron a
remunerarse de forma independiente evidenciaron la precarización de sus cuerpos en tanto roles tradicionales en lo rural: “Era eso o el puro campo, la pobreza” 79 . Para las mujeres de la zona, la llegada de las salmoneras significó, por primera
vez, una oportunidad laboral remunerada en la cercanía de sus hogares: “aquellas mujeres más jóvenes –que aún viven junto a sus padres– evitan emigrar a otras regiones en busca de oportunidades de empleo” 80 .
Teniendo como referencia la implementación del neoliberalismo y la desregulación del Estado respecto a las empresas, durante las décadas de los ochenta y noventa se permitió la libre acción de la industria salmonera que agudizó la desprotección a las trabajadoras, sobre todo cuando estas eran madres campesinas. Al mismo tiempo que las mujeres se asalariaron, se mantuvieron a cargo del trabajo doméstico y el cuidado de los hijos, asumiendo una doble jornada laboral en la fábrica y en la casa. La precariedad del trabajo femenino en las salmoneras se fundó en el nulo reconocimiento de su trabajo en la esfera doméstica, y esto puede visibilizarse en los salarios que percibieron, tal como vemos en otros rubros feminizados 81 . Los sueldos de las trabajadoras se componían de una parte fija y de una importante parte variable, que estaba compuesta por bonos de asistencia y producción, además de la realización de horas extras. Esto condicionó sus jornadas laborales, dadas las presiones por conseguir bonos sin ausentarse del trabajo, incluso estando enfermas, ya que las licencias médicas no se hacían efectivas 82 . El interés de las madres trabajadoras por obtener los bonos de asistencia y producción muchas veces se conflictuó con el cuidado de los hijos 83 . Esta tensión entre el rol madre/trabajadora se produjo por dos cuestiones: las condiciones de precariedad laboral y la invisibilización del trabajo reproductivo y de cuidados. Las trabajadoras de salmoneras se mantuvieron en un régimen de trabajo de largas jornadas (diez y hasta doce horas extra diarias) por un lado y, por el otro, se enfrentaron al problema del cuidado de sus hijos. Por esto último, muchas optaron por diferentes mecanismos: salas cunas, jardines infantiles, la ayuda de abuelas, tías o de un hermano mayor, contratación de una persona externa y, en los casos más complejos, dejar a los niños solos en sus hogares. La maternidad fue un elemento de discriminación laboral en la industria salmonera, ya que no se respetaron fueros maternales, horas de amamantamiento ni protección de las embarazadas al interior de las fábricas. La mayoría de las empresas no contaba con salas cunas durante el período de estudio 84 . Marta Leuquén de 58 años, trabajadora del salmón de Ancud relata que en algunas empresas hubo sala cuna, pero los cupos eran reservados para trabajadoras con contrato indefinido. A las temporeras se le negó este derecho, lo que obligó a muchas de ellas a recurrir a sus familiares, mientras que otras combinaron diferentes mecanismos como el jardín infantil y el cuidado de una persona externa 85 .
Un trabajo sin contrato era preferible por muchas madres que no tenían los medios para sala cuna o 86para pagarle a otra persona
86 . De esta forma muchas mujeres optaron por trabajos más precarios y con mayor flexibilidad para conciliar su rol de madre y trabajadora, como tantas otras mujeres de la época. Las mujeres percibieron salarios menores a los varones por cuestiones relativas al género, al presentar mayores tasas de ausentismo, por descuentos en materia de bonos de asistencia y producción 87 , y porque eran empleadas en labores peor pagadas asociadas a su sexo biológico, como el desespinado 88 en las fábricas de proceso, por la prolijidad y delicadeza necesarias. Esto impactó en enfermedades musculoesqueléticas, casos crónicos de tendinitis, artrosis y otros problemas asociados a las articulaciones 89 (por los movimientos reiterativos de miembros superiores durante intensas jornadas), además de enfermedades por trabajaren ambientes fríos 90 . Todo para lograr los bonos de producción, que, como señalamos, tensionó a las mujeres como trabajadoras en la empresa y en la casa.
Este conflicto permanente entre el rol de madre y de trabajadora se manifestó sobre todo al asalariarse en las empresas salmoneras, ya que no pudieron ser cuidadoras permanentes de sus hijos, como sí lo eran en tanto trabajadoras campesinas en el hogar. El trabajo en la industria salmonera se caracterizó por su precariedad con largas, intensas y repetitivas jornadas, asociadas a la división sexual del trabajo existente al interior de las plantas de procesamiento. La maternidad fue un elemento de discriminación laboral en las empresas de procesamiento, pues debieron recurrir a diferentes métodos para compatibilizar el cuidado de hijos con el trabajo. Las mujeres se mantuvieron a cargo del trabajo doméstico en sus hogares configurando una doble jornada laboral, la cual se mantuvo invisibilizada por el nulo reconocimiento de las labores que llevaban a cabo después de trabajar en las plantas salmoneras. Y esto, a pesar de ser modernas migrantes en sus trayectorias laborales del campo a la ciudad. La única y más importante diferencia con los campesinos migrantes de la década de los setenta fue la importancia que tuvo el trabajo de cuidados para estas trabajadoras, pensando en las décadas de estudio planteadas.
Los centros de cultivo y fábricas salmoneras se extienden hasta la actualidad en prácticamente todo el archipiélago de Chiloé, viviendo su apogeo durante la década de los noventa y hasta el 2008, cuando se desata la crisis por el virus ISA. Este hito generó el cierre paulatino de muchas empresas del sur austral de Chile, y el despido de miles de trabajadores y trabajadoras del salmón
91 , quienes hasta la actualidad reconocen beneficios y problemáticas desencadenadas por la industria en sus entornos y sus vidas. Creemos necesario plantearnos que la precariedad para campesinos y campesinas va más allá del salario, extendiéndose a los cuerpos trabajadores y de un desconocimiento del trabajo permanente desarrollado, sobre todo, por las mujeres al ser campesinas y madres.
Conclusiones
En el marco de la temporalidad de este artículo (1970-1990), consideramos dos momentos: previo a la instalación del neoliberalismo y las industrias salmoneras en Chiloé (1970-1980) y la implementación e inserción a la industria salmonera de habitantes del archipiélago (1980-1990). Los testimonios señalan que antes de las salmoneras predominó el trabajo agrícola, pesca artesanal y recolección de orilla para la autosubsistencia familiar. Estos trabajos fueron compartidos por hombres y mujeres rurales; sin embargo, durante el siglo XX fueron hombres quienes migraron estacionalmente por el sur austral de Chile y se asalariaron en estancias ganaderas o fábricas petroleras, en busca de sustento que exceda las ganancias de los productos de tierra y mar. Las mujeres persistieron en labores domésticas, de cuidado de hijos y subsistencia en lo rural, al menos hasta la instalación de las primeras salmoneras hacia la década de los ochenta. Esto repercutió en la inserción laboral de mujeres y hombres del campo (quienes paulatinamente dejaron de viajar por trabajo al sur austral), e impactó en la explotación de los ecosistemas donde los habitantes rurales del archipiélago de Chiloé se dedicaron tradicionalmente a la pesca artesanal o la mariscada. Al mismo tiempo que las migraciones estacionales de los hombres cesaron, las mujeres persistieron en la reproducción, los trabajos de cuidados, domésticos y la autosubsistencia agrícola, recolección de orilla, además de asalariarse en las salmoneras, en centros de cultivo y plantas de proceso esparcidos por los espacios rurales. La industria salmonera se constituyó como alternativa para trabajadores no calificados que buscaban salarios superiores a los ingresos de la agricultura de carácter familiar, y con esas ganancias accedieron a productos que ni el campo ni el mar entregaron.
Las empresas salmoneras que se instalaron en el archipiélago de Chiloé tuvieron, desde su inicio, una predilección por la mano de obra femenina ya que se le atribuyó características acordes para el procesamiento del salmón: delicadeza, prolijidad y precisión. Para las mujeres, las salmoneras también fueron una alternativa para obtener remuneración independiente a la de sus esposos; sin embargo, las labores a las que debieron dedicarse en las empresas estuvieron asociadas a lo delicado en términos motrices y a salarios inferiores sobre todo si eran madres. Estas tareas las hicieron trabajadoras de doble jornada o trabajadoras permanentes, ya que además debían velar por la reproducción del hogar, como cuidadoras del campo y la casa. Si bien, en general, se presentan situaciones de precariedad laboral con la instalación del neoliberalismo, en las trabajadoras del salmón se agudizó en tanto madres rurales, con bajos sueldos, desprotección y discriminación por ser cuidadoras de hijos, por estar propensas a embarazarse y por el ausentismo que ello implicó. Como trabajadoras permanentes, la precariedad es invisibilizada, incluso, preferida por algunas mujeres, como señalan los testimonios, cuestión que también podemos homologar a la intervención del medioambiente, los territorios y las comunidades en nombre del capital, además de la aceptación de estas ocupaciones en nombre del salario, la modernidad, el progreso. En el caso de campesinos y campesinas, nos encontramos con una tensión asociada al cuidado de los hijos e hijas, ya las mujeres que migran y trabajan en salmoneras deben, al mismo tiempo, procurar compatibilizar el trabajo de cuidados, a diferencia de los hombres campesinos, que ya habían migrado por décadas y que solo debieron preocuparse de regresar para ser proveedores.
Con el escenario planteado, luego de la década de los noventa, las salmoneras fueron tecnificándose y prescindiendo de la mano de obra campesina no calificada, perpetuando una inseguridad y flexibilidad laboral que se extiende hasta el presente. Tal como aquellos migrantes que retornaron a sus hogares después de labores estacionales en otros territorios del sur austral de Chile y Argentina entre las décadas de los setenta y ochenta, la mano de obra salmonera volvió al campo y al mar para el autoabastecimiento y la subsistencia, aunque como pudimos observar y constatar en los testimonios, las labores del campo son una tarea que no compete a las nuevas generaciones, que migran a calificarse en institutos profesionales o universidades. Esta característica no es propia o exclusiva del sur de Chile, sino transversal a los espacios locales y regionales del continente: la movilidad social y una doble lectura ligada a las ventajas y desventajas de la precarización, que justificamos en la medida que comprendemos existencias e historicidades atravesadas por la escasez y el abandono por parte del Estado. Esto nos invita a entender que las trayectorias laborales de campesinas y campesinos de Chiloé también tensionan sus trayectorias familiares, la división sexual del trabajo y el impacto de la diferencia sexual en la relación con el entorno en el neoliberalismo, donde a pesar de difuminarse las fronteras entre lo privado y lo público, siguen existiendo desventajas para las mujeres trabajadoras, al ser también cuidadoras, como trabajadoras permanentes.
Resumen:
Introducción
Neoliberalización del trabajo en Chile: transformación capitalista y repercusiones en hombres, mujeres y naturaleza
La categoría de género, el trabajo femenino y el capitalismo
De la autosubsistencia a la proletarización: hombres migrantes del sur austral de Chile (1970-1980)
Campesinos migrantes del sur austral de Chile y su relación con las salmoneras (1980-1990)
Las mujeres rurales de Chiloé: trabajadoras permanentes en la fábrica y el hogar (1980-1990)
Conclusiones