in Cuadernos de Historia
Más allá de Tutankhamon: Orientalismo en los márgenes de la egiptología
Resumen:
Víctor Mercante, pedagogo argentino, publicó en 1928 Tut-Ankh-Amon y la Civilización de Oriente luego de viajar a Egipto tras el hallazgo de la tumba del faraón por Howard Carter. En este trabajo analizamos la obra de Mercante, en tanto precursor de la Egiptología en Argentina; además, como docente y educador de Historia Antigua en la Universidad Nacional de La Plata. Se examina qué es lo oriental en Mercante y cómo reproduce o se diferencia de la producción académica Occidental, el epicentro de la Egiptología. Sus interpretaciones están condicionadas por las ideas orientalistas, que son tomadas por la disciplina, en un contexto de difusión y disputa por los artefactos del antiguo Egipto.
Introducción. Más allá de Tutankhamón
Las escrituras sobre Oriente desde Argentina y más ampliamente desde Hispanoamérica no eran una novedad cuando Víctor Mercante (1870-1934)publicó en el año 1928 Tut-Ankh-Amon y la Civilización de Oriente. A partir de la Generación del 37 se había perfilado el incipiente orientalismo enArgentina 1 , una mirada conceptual e ideológica que se profundizó con la Generación del 80. En ella había una acentuada preocupación social,política e ideológica, a su vez interesada y delimitada por las ideas delpositivismo con un marcado y particular tinte narrativo romántico 2 . Así, Oriente significaba y se traducía en sinónimo de la barbarie de la pampa, la que se definía con los paisajes del despotismo oriental y era habitada por un sujeto bruto, inculto e incivilizado, cualidades que eran determinadas por el ambiente desértico en que vivía 3 . Al mismo tiempo, el sujeto nacional no podía ser imaginado más allá de estas representaciones del oriental en tanto una otredad radical 4 . Egipto encontró un lugar preponderante en esta creación ideológica, con particularidades y tensiones entre el Egipto moderno –por lo tanto, también europeo y burgués– y el Egipto faraónico, en tanto cuna de todas las civilizaciones 5 .
Entre siglos, con el advenimiento del modernismo literario, dentro de la diversidad de sus manifestaciones estéticas, se produjo un retorno al exotismo, que para muchos especialistas era producto de una imitación de las producciones europeas, en particular francesas 6 . Los modernistas se diferenciaron de la generación anterior por tener una mirada más positiva sobre Oriente 7 , construida por la conjunción de varios elementos que habilitaron a nuevas formas de acercamiento e interpretación de la cultura, la literatura, la filosofía y las religiones orientales. Desde esta mirada positiva se logró ir más allá del exotismo y transitar una interpretación sobre Oriente más genuina, en una búsqueda de un conocimiento profundo de su cultura e historia 8 . El orientalismo hispanoamericano de los modernistas se caracterizó por una mirada compleja, sincrética y polifacética que invitaba a ser comprendido en su propio contexto y especificidad histórica, lo que les permitió crear su propio imaginario sobre Oriente 9 .
En el presente trabajo proponemos indagar en una de las facetas menos conocidas de la producción de Mercante: su obra Tut-Ankh-Amon y la Civilización de Oriente, su rol como profesor de Historia Antigua en la Universidad Nacional de La Plata y sus aportes para el desarrollo de la Egiptología en Argentina. Estudios de este tipo se enmarcan en un proceso que la Egiptología está recién comenzando a construir, que es su propia historia como disciplina, es decir, desde una mirada historiográfica 10 . Desde los márgenes de la producción egiptológica, este trabajo constituye un aporte tanto a la comprensión de la formación del desarrollo científico de la Historia del Cercano Oriente en Argentina (y América Latina), como así también de los problemas y especificidades que se construyen desde los márgenes, esto es, alejado y por fuera del epicentro donde tiene origen la disciplina. Además, este estudio intenta dar cuenta de los marcos ideológicos y las posiciones historiográficas con las que Mercante dialogó y por las que en simultáneo fue interpelado y que fueron parte de la génesis de la Egiptología en Argentina.
En Egipto, en 1922, el arqueólogo británico Howard Carter (1874-1939) fue protagonista de uno de los acontecimientos más relevantes de la historia moderna y los estudios del Egipto faraónico 11 . Si hay un evento que puso el interés académico en el antiguo Egipto y a sus artefactos en el primer plano de la cultura y política del Egipto moderno fue el hallazgo de la tumba de Tutankhamón, faraón de la dinastía XVIII 12 . En Europa, desde finales del siglo XIX y principios del XX, el Egipto faraónico se había transformado en un bien de consumo que satisfacía la demanda de contemplación y admiración de una cultura considerada “exótica” 13 . De hecho, Egipto nunca había desaparecido de la memoria de la cultura europea 14 . El siglo XIX inicia, desarrolla y consolida la formación de la Egiptología como disciplina, profesionalización que comenzó a partir de la invasión napoleónica en 1798 y el desciframiento de los jeroglíficos por Jean-François Champollion en 1822 15 .
Este es el punto de partida de la escritura del libro Tut-Ankh-Amon y la Civilización de Oriente de Mercante. Su autor, nacido en la ciudad de Merlo (San Luis, Argentina) e hijo de chacareros italianos, es uno de los pedagogos más reconocidos en las primeras décadas del siglo XX en Hispanoamérica. La historiografía educativa discute ampliamente la figura de Mercante. Por un lado, se lo reconoce como un positivista ortodoxo desde una perspectiva tradicional, exponente de la corriente normalizadora 16 . De ahí su distinguido rol como uno de los principales difusores del positivismo pedagógico en Argentina y Sudamérica, lo que le permitió constituir las bases de la Psicología experimental ampliada a la Pedagogía. Además, Mercante tuvo una preocupación constante por la modernización de los currículos para las escuelas normales y los profesorados universitarios llevándolo a la inclusión activa del sujeto en el proceso educativo, por medio de los preceptos de la Psicología experimental 17 . Su faceta como pedagogo y docente universitario constituye, sin duda, el aspecto más estudiado y discutido de la vida política e intelectual de Mercante por parte de la bibliografía especializada, particularmente la historiografía educativa.
¿Cuál es el lugar de Mercante en el desarrollo de la Egiptología en Argentina? ¿Cómo se representa y manifiesta Oriente en la producción de Mercante? ¿Por qué un pedagogo como Mercante se interesaría por un hecho como el descubrimiento de la tumba de Tutankhamón? ¿Qué es lo oriental en Mercante? ¿Cómo se inserta Mercante en el imaginario oriental de principios del siglo XX? ¿Cómo se diferencia la producción académica de Mercante de aquellas producidas en el epicentro de la Egiptología? ¿Qué es lo original en la interpretación de Mercante en tanto escritura desde los márgenes? ¿Con quiénes dialoga? Las respuestas a estos interrogantes se irán desplegando a lo largo de los apartados.
Mercante y la Historia Antigua en la Universidad Nacional de La Plata
Cuando en 1882 se funda la ciudad de La Plata como capital de la provincia de Buenos Aires, en el espíritu de sus creadores estaba ser no solo un centro administrativo y político, sino una ciudad en la cual la cultura, la historia y el arte encontraran un espacio de desarrollo y difusión. De hecho, en su planificación, el Museo de Ciencias Naturales, el Observatorio Astronómico y otras instituciones daban cuenta de este proyecto innovador. En este contexto, a través del Poder Ejecutivo Nacional, en 1889 se crea la Universidad Provincial destinada a los estudios superiores en las facultades de Derecho, Medicina, Química y Farmacia y Ciencias de Físico-matemáticas 18 . Pero la falta de presupuesto y la baja matrícula fueron el principal obstáculo para dichos planes. Sin embargo, Joaquín V. González, ministro de Justicia e Instrucción Pública de la Nación, consideraba que la ciudad necesitaba una institución generadora de ideas, con un sello científico y tecnológico, especialmente destinado a la formación docente, de ahí el ideario y la ejecución de una Universidad Nacional para La Plata. En 1905 se concretaron estos planes y la universidad de la provincia pasa a la esfera nacional con sus cuatro facultades, el Museo y el Observatorio, instituciones que rápidamente serían complementadas con otras, como el Colegio Nacional y la Escuela Graduada Anexa 19 .
Creada la Universidad Nacional de La Plata, Joaquín V. González, su primer rector entre 1906-1914, preocupado en la formación de un cuerpo docente para los colegios nacionales, escuelas normales e institutos educativos, creó la Sección Pedagógica en 1906 20 . Si bien dependía de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, su grado de autonomía se hizo notorio con la designación de Mercante como su director. Para estos años, Mercante ya era un referente en la Psicopedagogía en el país. Entre sus logros, había presidido en 1908 la Sociedad Psicológica de Buenos Aires, además de ser el primer argentino en entrevistarse con Sigmund Freud.
En 1909, se creó la Sección de Historia, Filosofía y Letras. Esta sección, a cargo directamente del decano de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, estaba dedicada a la formación del profesorado y pensada como un complemento de la Sección Pedagógica. Esta fue la base de la formación de la Facultad de Ciencias de la Educación creada en 1914, siendo Mercante su decano desde su origen hasta 1920, momento en que abandona la función pública. En la nueva facultad, Mercante propuso una formación completa para los futuros profesores 21 .
Como parte del plan de estudios de la Facultad de Ciencias de la Educación, Mercante estaba a cargo de la materia “Historia Antigua (las Civilizaciones Antiguas)”, además de otras asignaturas específicas relacionadas a la pedagogía 22 . En su trabajo pedagógico, en la línea del positivismo, Mercante estuvo preocupado por construir un reconocimiento institucional y científico para sus argumentos 23 . En este sentido, la inserción de la Historia Antigua al programa institucional de los profesorados dentro de las carreras de la Facultad de Ciencias de la Educación es un reflejo de un accionar coherente como educador y científico. La modernidad encontraba su origen en aquella antigua civilización egipcia: “Nosotros mismos somos el eco augusto de aquel primer himno de victoria intelectual sobre la tribu paleolítica” 24 . También, lo que resulta más significativo en la Historia de la Egiptología y Asiriología en Argentina, Mercante introduce el Cercano Oriente antiguo como período histórico en el currículo universitario del país. Esta es la primera vez que se realizó en Argentina una cátedra de Historia Antigua sobre las Civilizaciones antiguas, con un anclaje particular en la Historia del Cercano Oriente antiguo, desde el Egipto faraónico hasta la conquista de Alejandro Magno 25 .
En el programa para el curso de 1918 26 , Mercante estipula veinticinco unidades que inician con una Historia y Geografía general del Viejo Continente y permiten al alumnado una mirada del pueblo y las razas [“sic”], las fuentes y el legado de las antiguas civilizaciones. Cada una de las unidades se detuvieron en el estudio de las civilizaciones antiguas del Cercano Oriente: egipcios 27 , mesopotámicos (caldeos), asirios, fenicios, hebreos (con la unidad XII dedicada al análisis de la Biblia), griegos y micénicos. En las últimas unidades, se abordó la Guerra de Troya, las guerras médicas, la época de Alejandro Magno y la helenización del Mediterráneo oriental. La formación que Mercante propuso en los estudios orientales sigue la literalidad de las civilizaciones en progreso, de formas simples a formas más complejas. La génesis de la civilización está en Egipto hasta culminar su desarrollo en la civilización griega, por lo que Mercante educó para una formación sobre civilizaciones antiguas desde una construcción orientalista.
Asimismo, en el programa de Historia Antigua Mercante no indicaba bibliografía orientativa para los estudiantes. Propuso una formación global que daba cuenta de una selección cuidada y basada en un amplio conocimiento de la Historia Antigua de Oriente. En relación con la pedagogía, “la propuesta de Mercante fue colocar la ciencia como el criterio superior de la selección de contenidos y estrategias de enseñanza” 28 , lo que se hace extensivo al área de la Historia. Los contenidos seleccionados abarcaban desde las condiciones geográficas determinantes para la antigua civilización egipcia, recorriendo los diferentes aspectos de su organización y haciendo hincapié en los temas vinculados a la religión y el arte, con el objetivo de lograr una formación integral de los futuros profesores de las escuelas normales. Algunos de estos temas serían retomados diez años después con la publicación de su libro Tut-ankh-Amon y la Civilización de Oriente. De hecho, algunos capítulos parecen corresponder al programa que había ideado en 1918: el arte, la influencia de la civilización egipcia sobre la griega, la escritura (literatura), el Libro de los Muertos y la estatuaria reaparecieron como una preocupación 29 . Dicha coincidencia también explica por qué el libro se adapta a los temas principales de los programas de los colegios y escuelas normales vigentes en su año de publicación.
Esta unidad temática entre el programa de Historia Antigua de 1918 y su libro, dan cuenta de una preocupación y formación académica de años, además su injerencia como pedagogo en el área de la enseñanza de la Historia Antigua. Justamente, lo que caracterizó a Mercante en cada uno de los campos de la ciencia en los que se desenvolvió fue la producción de un discurso científico 30 . La Historia Antigua no fue la excepción, su interés estaba en la formación de profesores secundarios y universitarios.
Además, como profesor universitario, Mercante intervino en el plano de la esfera pública y cultural para la producción de un capital cultural específico 31 . En el caso de la Egiptología aportó con un material de lectura y un estudio fundamental para quienes quieran iniciarse en el estudio del tema. Así, Mercante se construyó como un referente de la Historia Antigua, como egiptólogo y como docente de la cátedra de Historia Antigua en la Universidad Nacional de La Plata. Como tal participó en reconocidos ámbitos de la cultura y ciencia argentina a raíz de su viaje a Egipto y el seguimiento del hallazgo de la tumba de Tutankhamón. A propósito, Mercante realizó conferencias en la Biblioteca Argentina de Rosario, en la Cultural de Bahía Blanca y en la Sociedad Científica Argentina, entre otros 32 . A continuación, analizaremos los aportes de su libro.
Características de un relato orientalista: crónica, diálogos y saberes compartidos
Como viajero y cronista, Mercante fue el garante de la veracidad de lo que observa, lo que se relata existe como tal porque quien narra lo presenció y puede transmitirlo. En Mercante existió un gran esfuerzo en realizar un relato verídico. Por un lado, realizaba una detallada descripción del paisaje y los objetos. Por otro lado, como parte de la estructura narrativa, creaba una escenografía para el lector al reproducir pormenorizadamente los diálogos (intercambios verbales), permitiéndole ubicarse en la escena con naturalidad, como un observador de esa conversación. Además, le permitieron a Mercante construir un hilo narrativo desde la pregunta y la duda, desde quién busca respuestas. En cada diálogo Mercante es quien interroga y busca información; esta es una característica distintiva de su texto.
Sus preguntas presentaban los temas al lector, desnudando el hallazgo de la tumba de Tutankhamón poco a poco. Mercante sabía mantener un tono de intriga, al mismo tiempo que proporcionaba información. “¿Podría usted, si fuera posible, hacerme una descripción somera de la tumba, desde que ha estado usted en ella?” 33 , pregunta a Annibale Breccia
34 . La pregunta le da el puntapié narrativo a Mercante para realizar una descripción de esta. En esto Mercante no era ingenuo, conoció lo que el hallazgo de la tumba generó en los medios de comunicación de todo el mundo: la “tutmanía” y el afán de la sociedad moderna de ser parte de ese pasado remoto 35 . Mercante escribió desde un contexto de sensacionalismo y lo aprovechó para captar interés y poder difundir la historia del Egipto faraónico. Las conferencias en la Sociedad Científica Argentina que son mencionadas en sus Anales (1928), que él mismo cita al final de su libro, tienen como propósito inmediato la transmisión de un conocimiento científico 36 . Su intervención científica en este contexto se reforzó con la publicación del libro. Mercante, desde el primer momento, se diferenció de toda producción que no se enmarcaba en estándares académicos. En este sentido, la de él podría entenderse como una producción científica, no egiptomaníaca.
La producción científica de Mercante estuvo marcada por dos pautas claves.La primera da cuenta de su conocimiento de quienes eran considerados comolos referentes occidentales de la disciplina. Nombres como los Theodore Davis, Auguste Mariette, Ludwig Borchardt, entre otros, se repiten una y otra vez en sus páginas. Adeuda sí, como trabajo de base científica, las citas de los
textos que utiliza. ¿Por qué Mercante las habrá omitido? Pues, a juzgar por otros trabajos de su autoría, este método riguroso de referencia textual a otrasinvestigaciones siempre lo había distinguido. Esa ausencia es lo que une a su texto más con una crónica modernista, novelada, no desde lo periodístico, sí desde su acercamiento al tiempo y a la historia 37 . Por otro lado, nos detendremos más adelante en este punto, es fundamental pensar cuál es el aporte para la construcción de conocimiento histórico que Mercante realizó.
El accionar que Mercante desplegó como cronista lo hizo desde una posición de intelectual privilegiado, porque es él quien tuvo la oportunidad de estar en el lugar del acontecimiento (Egipto) y porque tuvo un saber construido para poder interpretarlo. Mercante fue un intelectual: viajaba en calidad de intérprete de una cultura con un compromiso profundo en conocer su historia 38 . En este sentido, Mercante se acercó al modernismo de su época, tuvo una conciencia de lo estético, de construcción de un relato literario, además de una reflexión sobre el relato 39 . En Mercante se destaca una reflexión sobre lo histórico principalmente, pero veremos que el autor no es ajeno al Egipto moderno. Por otro lado, fue uno de los exponentes del positivismo argentino; sin embargo, adquiere un rol como cronista porque su viaje no es una visita de turista, sino que tiene motivaciones científicas e intelectuales. Mercante logró construir un texto ecléctico, como resultado de una literatura cosmopolita y, sin duda, con interpretaciones originales desde el contexto hispanoamericano 40 . Nos adelantamos en este punto en nuestro argumento para señalar una particularidad del texto de Mercante que lo distancia de la producción y preocupación intelectual modernista: lo social no es objeto central en su obra. No lo es en el sentido de una inquietud hacia los problemas sociales y políticos de su contemporaneidad; de hecho, son pocos los capítulos referidos a ello 41 . Y, más interesante todavía, cuando Mercante intervino en este sentido, lo hizo desde la lógica europea.
Se produce, entonces, un encuentro cultural –entendido como “zonas de contacto”– 42 , que en el contexto que escribe Mercante se encuadra dentro del Orientalismo, definido por Edward Said como la formación de un ideario sobre Oriente con el fin de perpetuar una relación de dominación permanente por parte de Occidente 43 . A principios del siglo XX, al perderse en Europa cada vez más la confianza en el progreso indefinido, el Egipto faraónico comenzó a configurarse como un pasado idealizado –un paraíso perdido– que alimentaba un presente de fantasía: lo exótico y extraño de las sociedades antiguas fueron un objeto para el consumo de masas, imagen que la ciencia también ayudó a fortalecer y recrear 44 . La Egiptología, nacida en la Europa de la Ilustración a fines del siglo XVIII, creció en el contexto ideológico del orientalismo y muchas de sus interpretaciones fueron una adopción de la idea de la supremacía civilizadora occidental 45 , y el antiguo Egipto formaba parte de esa tradición 46 . Juan Carlos Moreno García analiza en profundidad cada uno de esos aspectos que alimentan el “mito del Egipto eterno” 47 , imagen reforzada por el paisaje estático del desierto 48 . Lo hace desde la idea de decadencia y degeneración que llevó a la exclusión de la historia previa a la formación del Estado antiguo egipcio. Por ejemplo, la construcción de una cronología de reinos y períodos intermedios se realizó siguiendo el desarrollo cultural expresado por la capacidad constructiva y la escritura, considerando una supremacía de lo escrito como expresión de alta cultura 49 . También la negación de la existencia del politeísmo y la aceptación de una religión egipcia con sofisticadas ideas religiosas que solo podían ser parte de creencias monoteístas 50 .
Mientras tanto, en la Argentina de la década de 1920, la Egiptología no se perfilaba como una disciplina fuerte en los ámbitos universitarios del país 51 . Esta solo se encontraba como parte de materias troncales dentro de las carreras de profesorados de grado como en la Universidad de Buenos Aires y la Universidad Nacional de La Plata 52 . Mercante conocía el método de la historia y la formación de la disciplina en el ámbito académico europeo, pero el contexto de producción en Argentina distaba mucho de los intereses que ingleses o franceses tenían sobre Egipto 53 . Lo que no significa que el antiguo Egipto se excluyera de los intereses intelectuales argentinos, dado que los viajes hacia el país del Nilo fueron un tema de las narrativas de intelectuales como Lucio Mansilla, Pastor Servando Obligado o Eduardo Wilde, desde mediados del siglo XIX en adelante 54 . Estos textos reprodujeron el imagino orientalista, tensionando el binomio civilización y barbarie, en torno a las miradas disímiles del Egipto faraónico y del Egipto moderno. Además, las preocupaciones por el Egipto antiguo se plasmaron en las ideas de Dardo Rocha y Luis Ángel Viglione, junto al director del Museo de Ciencias Naturales de La Plata Francisco P. Moreno, para darle a la institución una sala egipcia 55 .
A Mercante, el orientalismo le llegó como herencia subjetiva, no escapó –y no quiso hacerlo– de la intelectualidad de su época, con los propios vaivenes que la crisis del positivismo, el fin en la confianza en el progreso indefinido y el modernismo imponía sobre el campo intelectual y universitario argentino e hispanoamericano 56 . En la Argentina de entresiglos, el rientalismo se abrió a interpretaciones más espirituales y filosóficas y la búsqueda de lo exótico 57 , lo que en Mercante –un defensor del método positivista y biologicista– dio lugar a la producción de un libro sobre el antiguo Egipto.
En Tut-Ankh-Amon y la Civilización de Oriente, la influencia y reproducción del discurso orientalista y de la Egiptología europea está presente en afirmaciones y argumentos que así lo definen, obviamente más allá de lo que supone la elección de Egipto como tema para su libro. Mercante asumió lo exótico de Egipto, lo asumió desde el punto de vista de poner a Tutankhamón y el hallazgo de su tumba como protagonista indiscutido de su texto. Así, el autor se hizo eco de lo que Egipto provocaba como consumo y fascinación, empero el lector se encontraría con un manual de Historia y no con una descripción somera de objetos maravillosos. Como punto de partida a esta mirada, el Egipto faraónico es parte de la civilización occidental –“Tebas, madre de las ciudades, a orillas del Nilo, padre de las civilizaciones” 58 –, es decir, en sintonía a los egiptólogos europeos, el antiguo Egipto era parte del pasado de la civilización, no así lo árabe. En Mercante, el puente entre la civilización moderna occidental y la antigua egipcia, por ejemplo, se traza en la interpretación que desde el presente se puede hacer de su arte. En este sentido, la admiración por la estatuaria egipcia y/o la habilidad de los escultores queda expuesta en la finura de su obra, que podría ser atribuida a los precursores de la escultura griega 59 . Grecia fue el punto de inflexión y comparación a lo largo de todo el texto, pues como reproductor del orientalismo, el conducto civilizatorio asumió en la cultura de la Grecia clásica la génesis de la civilización occidental 60 .
Al respecto, y quizá lo más importante, es que la propuesta de Mercante se realizó desde los márgenes de la producción egiptológica, no escribió en el epicentro de la disciplina, reproduciendo la dominación europea sobre los bienes culturales egipcios. Mercante no estaba ajeno a todo interés sobre la posesión de los objetos, como tampoco sintió que impuso un relato hegemónico que permitiera perpetuar una disciplina dominadora de un espacio y un tiempo cultural 61 . A Mercante le pareció natural y necesario que fueran los europeos quienes fuesen los beneficiaros materiales del hallazgo. Su argumento aparece desglosado en las primeras páginas de su libro y en el capítulo XIX “La tradición y el nacionalismo egipcios”: el esfuerzo en salud y fortuna invertida; la pasión demostrada, en contraposición al desinterés egipcio; la maravilla que han logrado con el Museo de El Cairo no hace más que afirmar que Egipto pertenece “a quienes lo descubrieron, no a quienes lo conquistaron; es decir a la civilización de Occidente, única que puede legitimar una tradición dignamente conservada a través de Grecia, Roma y las naciones modernas” 62 .
El hallazgo de la tumba de Tutankhamón puso en discusión el valor científico y cultural de los objetos que estaban dentro de ella. Los egiptólogos europeos se consideraron en mejores condiciones para cuidarlos –lo que implicaba sacarlos fuera de Egipto– mientras que para los egipcios estos objetos eran parte de su pasado, por lo cual eran los que tenían dicho ineludible derecho. El “faraonismo”, también llamado movimiento faraonista, fue la respuesta egipcia a la egiptomanía y a la Egiptología europea, es decir, una reacción al colonialismo 63 . El reclamo de estos derechos por parte de Selim Hassan (1886-1961) 64 , quien había sido de los primeros en ser parte en la apertura de la tumba de Tutankhamón, para Mercante no era más que una acusación caprichosa de patriotismo exigida a los europeos –“Habla en un tono evidentemente patriótico”, aclaró sobre Hassan quien estaba de acuerdo que las piezas quedaran en su país. Egipto es parte de la civilización europea, trazando una línea cronológica Egipto-Grecia-Europa occidental, desde una mirada absolutamente eurocentrista 65 y excluyendo al mundo árabe musulmán de dicha tradición y de toda posibilidad de reclamar el patrimonio cultural. La posición de Mercante no está lejos a las críticas realizadas por Carruthers a la Egiptología sometida al orientalismo, al afirmar que es la modernidad (occidental) la que realmente se percibe a sí misma como quien tiene la habilidad y legitimidad de conocer al antiguo Egipto, debido a la inmadurez oriental de los egipcios modernos, que dio paso a la justificación de la colonización occidental 66 .
Por lo tanto, en Mercante se reproducen los parámetros orientalistas como marco y prefiguración de las interpretaciones de la historia de los bienes culturales del Egipto faraónico, al mismo tiempo que son parte de la disputa del nacionalismo moderno, conflicto del que la Egiptología no es ajena 67 . El argumento de Mercante se profundiza si tomamos en perspectiva lo que significó para la disciplina el hallazgo de la tumba de Tutankhamón, tema eje de su libro. El trabajo del arqueólogo al sacar el objeto/cosa 68 del lugar del hallazgo, hace que pierda valor por sí mismo y, al ser transportado y estudiado, es que vuelve a adquirir significado en tanto artefacto en las vitrinas de los museos o de los laboratorios de estudio. Los objetos encontrados en la tumba de Tutankhamón supusieron por primera vez un trabajo de coordinación, desplazamiento, cuidado y análisis de un número de piezas que superaba lo hecho hasta el momento. Para Carter y sus contemporáneos, se asumía que estos objetos tenían un valor estético y cultural más allá de la interpretación histórica que se le pudiera dar: valen por sí mismos, mientras que el método científico occidental se desplegaba para estudiarlos 69 . Sin embargo, Mercante no entró en la disputa de querer poseerlos; sus intereses no estaban en la formación de salas en museos y, más allá de que su producción estaba en los márgenes de la Egiptología, no entró en esa disputa material por su adquisición, pero sí en la simbólica. Especialmente en los capítulos X al XII, los objetos eran presentados como dispuestos en una vitrina de museo y que dejaba que el lector conociera a partir de fotografías cuidadosamente seleccionadas para la apropiación del capital cultural europeo y su capacidad de interpretación. Mercante señala: “Y una jarra para cosméticos de forma cilíndrica cuya tapa es un león [...] es precursora de la que más tarde habría de ser tan célebre en la cerámica griega” 70 , jarra que habrá causado mucha impresión a Mercante para ser elegida como tapa de su libro. Nuevamente, la insistencia comparativa con la cultura griega, perdiendo así el Egipto faraónico su singularidad creativa y artística frente a esta.
Tiempo(s) de escritura: de Carter a Mercante
En noviembre de 1922, los trabajos arqueológicos en el Valle de los Reyes coordinados por Carter y financiados por el mecenas Lord Carnarvon (1866-1923) produjeron un acontecimiento singular: el hallazgo de la tumba de Tutankhamón 71 . Los trabajos de excavación en la necrópolis real en Tebas llevaban décadas, sin embargo, era la primera vez que se encontraba una tumba real casi como se había cerrado hace más de 3000 años. El “descubrimiento” logró un alto impacto en la sociedad de la época y las noticias llegaron a todos los rincones del mundo, y “el deseo de visitar la tumba se convirtió en una obsesión para los turistas y en los hoteles de Luxor la cuestión del modo de hacerlo y posibilidades se convirtió en un tópico de conversación” 72 , escribía Carter un año después.
El hallazgo de una tumba con estas características produjo una excitación por la historia del antiguo Egipto en el público en general y, especialmente, reforzó la egiptomanía ya existente en Occidente. El fenómeno de la egiptonamía, entendida como la vulgarización del conocimiento sobre el Egipto faraónico 73 , se enmarcó en las interpretaciones en clave orientalista que definieron un modo de comprender, dominar y perpetuar una posición de poder por parte de Occidente sobre Oriente. En este contexto, el hallazgo de la tumba de Tutankhamón dio lugar a un nuevo fenómeno: latutmanía 74 , es decir, la promoción y formación de ideas sobre el antiguo Egipto en torno al faraón Tutankhamón y los objetos hallados en su tumba. En este contexto particular, Mercante emprendió su anhelado viaje a Egipto con el propósito de visitar la tumba de Tutankhamón y sentir en primera persona “el espíritu materno de una civilización” 75 .
Mercante llegó a Egipto en marzo de 1923, fecha que se deduce por la información que el autor proporcionó en el mismo relato, al asegurar que había visitado la tumba de Tutankhamón “dos días después” de que fuera nuevamente sellada y tapada a la espera de una segunda campaña en noviembre de ese mismo año para la apertura de la cámara sepulcral. Sabemos por Carter que la tumba se había cerrado el 23 de febrero, los días previos habían despejado definitivamente la antecámara y encontraron la puerta que conducía a la cámara funeraria. Además, Mercante una vez que llegó ante la tumba de Tutankhamón lo hizo por medio de un dragomán que contrató en Luxor: “–Aquí es– dijo el guía; –aquí está la tumba de Tut-Ankh-Amon cerrada hace un mes; en efecto, era imposible suponer que aquel lugar hubiese sido revuelto pocos meses antes [...]” 76 . Previamente, en el diálogo que ambos mantuvieron acerca de dónde se encontraba Carter en esos momentos, el dragomán le respondió “–Se fue ayer a El Cairo; lord Carnarvon está enfermo [...]” 77 . A principios de marzo de 1923, Carnarvon había sido picado por un mosquito, lesión que se infectó y que, agravado por una neumonía, lo llevó a la muerte el 5 de abril. Ubicado en El Cairo, admirando sus calles y su gente, considerando que “el clima de marzo es tan delicioso que ningún peso os agobia [...]” 78 . Por lo tanto, se deduce, por cada una de las referencias que el autor dio a lo largo de su texto, que este se encontraba en Egipto en marzo de 1923.
La publicación del libro Tut-Ankh-Amon y la Civilización de Oriente cinco años después reúne en veintidós capítulos un estudio complejo y pormenorizado de la historia del antiguo Oriente, con un anclaje particular en la historia de Egipto y los detalles del descubrimiento de la tumba de Tutankhamón. De hecho, es este uno de los primeros textos escritos sobre Tutankhamón en lengua española 79 . La importancia y el alcance que tuvo la publicación de Mercante se hace evidente en la reseña que se realizó de su libro en la Revue Archéologique, una de las revistas más reconocidas de la especialidad en la época, destacándose una característica singular del texto: no solo es un trabajo erudito de la historia antigua egipcia sobre la vida de Tutankhamón 80 , sino también un testimonio de primera mano de los momentos posteriores a la primera campaña dirigida por Carter a su tumba.
Los cinco años que transcurrieron entre su viaje a Egipto y la publicación del libro, fueron seguramente tiempos en los que Mercante se dedicó a elaborar y completar la información obtenida de su viaje para su publicación definitiva en 1928. A lo largo del texto se encuentran referencias, información y datos que son posteriores al viaje de Mercante y que hacen del relato un viaje extendido en el tiempo. El distanciamiento temporal entre el viaje y su producción abren ciertas interrogantes, algunas de las cuales no podemos responder. ¿Cuánto tiempo estuvo Mercante en Egipto? ¿Cuál es la verdadera información que pudo obtener del viaje? ¿Cuáles son los datos que pudo haber elaborado simplemente desde el gabinete? ¿Cómo pueden suponerse momentos de escritura?
Mercante se movía en la “larga duración” del hallazgo: desde su descubrimiento hasta las campañas arqueológicas posteriores de apertura de la antecámara y la cámara funeraria. Un segundo momento de escritura es a partir de 1925: “El año pasado, 1926, los restos, dentro de sus féretros, llegaron al Cairo” 81 . Los trabajos en la tumba de Tutankhamón habían sido retomados para la apertura de la cámara mortuoria del rey, describiéndose cada uno de los objetos hallados en ella. Por ende, el autor tuvo a su alcance toda la información: desde el hallazgo, las posteriores entradas a la tumba, el análisis de los objetos encontrados y los comentarios y estudios científicos realizados sobre ellos y el contexto. Estas temporalidades de la escritura habilitaron a Mercante a transmitir al lector un conocimiento de la historia desde el principio al fin. Mercante siguió informado de los acontecimientos alrededor de la tumba de Tutankhamón; las publicaciones de Carter eran su principal fuente de información, pero también eran abundantes los datos que llegaban a la prensa. En 1923 se publicó el primer volumen de la obra de Carter, The tomb of Tut-ankh-amen –siendo Arthur Mace su coautor–, mientras que los otros dos fueron publicados en 1927 y 1933 respectivamente. Solamente los dos primeros pudieron estar al alcance de Mercante, y entre ellos y el libro de Mercante hay puntos en común, especialmente en la descripción de los objetos encontrados dentro de la tumba y la incorporación de fotografías como soporte de la descripción 82 .
En suma, algunos de los capítulos están claramente escritos al calor de esa experiencia de viaje a Egipto, aproximándose el libro al género de relato de viajes 83 . La excusa literaria del texto de Mercante, que motiva su itinerario, “tiene por objetivo visitar la tumba de Tut-Ankh-Amon [...]” 84 y buscar información de primera mano sobre estos descubrimientos. Considerando los rasgos fundamentales que el género literario propone 85 , predominó la factualidad: es un texto que se ancló en un hecho puntual –el hallazgo de la tumba de Tutankhamón– y en una experiencia personal –el viaje a Egipto–. Sin duda, este relato es particular, único, al adaptar el relato del viaje a los datos e información de los currículos de los colegios y escuelas normales de Argentina. En el transcurrir de esa búsqueda de información, Mercante narró su itinerario por Egipto, por los sitios que visitó y reprodujo los diálogos con quienes se entrevistó en la búsqueda de datos o de sus casuales compañeros. “El lector no me reprochará la transcripción cruda de mis apuntes, impresiones recibidas a través de la ventanilla, en un viaje de doce horas” 86 , afirmó Mercante. La advertencia recuerda a otros relatos de viajeros argentinos, quienes ya desde mediados del siglo XIX contribuyeron a formar el imaginario sobre el Egipto faraónico 87 .
En Tut-Ankh-Amon y la Civilización de Oriente hay capítulos que tienen una densidad teórica y analítica que hacen suponer un tiempo de escritura por fuera de la experiencia de viaje. Estos capítulos lo acercan a una producción en clave narrativa histórica y son sus análisis los que le dan una particularidad, con ideas propias, a la vez que Mercante dialogó con los egiptólogos de la época sobre la historia del Egipto faraónico, pero principalmente, le permitió desglosar su hipótesis acerca de los vínculos entre el país africano y el Egeo.
Escritura en los márgenes: la Historia del Egipto faraónico
La tesis que recorre el libro de Mercante sugiere que los objetos encontrados en la tumba de Tutankhamón son una muestra de los vínculos que Egipto tuvo con el Egeo durante gran parte de la dinastía XVIII 88 . Es decir, el autor colocó al período de reinado de Tutankhamón en un marco geográfico-temporal histórico más amplio, al incluir las relaciones con las culturas de las civilizaciones antiguas del Mediterráneo: “La influencia Egea es evidente, ya que no es posible justificar cambios tan fundamentales en procedimientos seculares, por obra y voluntad de un rey” 89 . El despliegue de esta idea la encontramos en aquellos capítulos que se destacan por su densidad en el análisis histórico y conceptual 90 .
En el capítulo XII, dedicado a la reina Tiy (Tiyí), Mercante realizó un recorrido histórico desde Tuthmosis II hasta Tutankhamón, relato que presenta una narrativa novelada, repleta de anécdotas, adjetivos y datos sin respaldo de evidencia alguna para muchas de sus afirmaciones como: “Amenofis II 91 , ya cuarentón, recibió al día siguiente con pompa deslumbrante a la embajada del rey sirio [...]” 92 .
El análisis se centró en la figura de la esposa real Tiy, casada con Amenofis III y madre de Akhenatón, adjudicándole ser la promotora de la revolución de El Amarna “¿Quién era Tiyí y qué la condujo a producir esta sangrienta convulsión casera?” 93 , y el consecuente abandono y deterioro de Tebas, colocando en un rol protagónico a las mujeres en la historia. Su relato es una teatralización de la intervención de Tiy, al defender a su hijo del sacerdocio de Amón proclamándolo nacido de su unión con el dios Atón.
Mercante reprodujo y avaló las ideas que durante medio siglo propusieron un origen asiático para la reina Tiy, su posición de extranjera fue lo que le valió su enemistad con el clero de Amón, y la consideración de su hijo como un ilegítimo heredero al trono egipcio. Los principales difusores de esta teoría fueron William Petrie 94 y Wallis Budge 95 , basados en la interpretación en el tono del color de su piel y su forma facial que la acercaban a las representaciones de prisioneros asiáticos en el templo de Karnak. Esta interpretación fue rechazada posteriormente por Gaston Maspero, a partir de que en 1905 se encontró en el Valle de Reyes la tumba de Yuya y Tuya, padres de Tiy 96 , descubrimiento del que Mercante aclara conocer 97 . Maspero señalaba al respecto: “Las falsas conclusiones extraídas se disiparon por el mundo de los eruditos y lectores inteligentes y ya podían ser destruidas” 98 .
Un origen extranjero, asiático, de la Gran Esposa de Amenofis III le permitió a Mercante situar a la dinastía XVIII en el contexto del Mediterráneo antiguo y de la influencia egea sobre Egipto. El problema es central: ¿es la cultura egipcia la primera civilización de la Historia o es la cultura griega la madre de todas las civilizaciones? El modelo ario, origen indoeuropeo de la civilización griega, fue el soporte ideológico para las teorías racistas y de superioridad cultural que permitieron justificar la colonización europea sobre Oriente 99 . Además, que le adjudica la creación de una religión monoteísta a la procedencia de las ideas religiosas de esta familia extranjera 100 . No se extiende ni profundiza sobre la religión monoteísta –como tampoco lo hace en la religión y el mito del Egipto faraónico– pero la sola insinuación de que el monoteísmo de Atón no es producto de la religión egipcia, se inserta en otra discusión de corte orientalista. La Egiptología creó interpretaciones funcionales a la idea de que la forma religiosa más elevada era la de un dios singular y único, lo que se contraponía con la multiplicidad de dioses representados en los templos egipcios. Desde la idea de un monoteísmo primario hasta un monoteísmo para iniciados, apuntaban a buscar una solución a la explicación de un politeísmo que iba en contra de un Egipto antiguo civilizado 101 . Si hubo monoteísmo, su génesis para Mercante no era egipcia, en definitiva, los valores de la civilización llegaban de afuera, Egipto solo había sabido tomarlos.
Para Mercante, los objetos de la tumba de Tutankhamón, especialmente los vasos de alabastro y las dagas encontradas en al sarcófago del rey, darían cuenta no de un arte nuevo, sino superior que llegó a Egipto desde el Egeo o, al menos, recibió influencias directas. ¿Cómo se explicaría si no el hierro en la daga de Tutankhamón?, se preguntó Mercante 102 . Pero su argumento le da el crédito al desarrollo artístico: “Alguien atribuye estas obras a los talleres asirios; hasta se ha pretendido que el trono o los tronos son obsequios de los monarcas asiáticos.
Ningún fundamento existe para tal suposición; por el contrario, el estilo y los innumerables detalles acusan la tradición milenaria del genio egipcio” 103 .
Se concluyó que la fabricación es egipcia, propia de los talleres amarnianos, pero el material fue enviado desde Siria o del Asia Menor 104 . El razonamiento se complejizó aún más; la particularidad de la civilización egipcia es haber sido la creadora del símbolo, siendo lo distintivo de su arte: “cada cosa era una idea y cada figura una abstracción. Todo tenía doble significado, dos lenguajes, uno real, otro conceptuoso y enigmático” 105 , argumenta Mercante. Las ideas de Mercante pueden comprenderse en tanto que el significado real es parte de la religión tradicional de la que el pueblo egipcio era parte y comprendía; la abstracción, era parte de un saber especial, al cual solo podían acceder los iniciados. Estas ideas forman parte del argumento construido a través de los siglos XVII y XVIII –base de las sociedades masónicas europeas–, interpretadas a través de una lectura incorrecta del significado de la escritura egipcia, que determinó una imagen de la cultura y religión del antiguo Egipto como religio duplex 106 .
Mercante pedagogo: una Historia de Oriente
“Este libro contiene los asuntos fundamentales de las primeras civilizaciones; responde, por consiguiente, al programa de historia de nuestros colegios y escuelas normales”, es la primera advertencia en el libro de Mercante. Su objetivo estaba, entonces, en presentar los contenidos de la historia del antiguo Oriente como insumo para la formación de los estudiantes. Al mismo tiempo que salía a la venta el libro de Mercante, se publicó Historia antigua. Orientea cargo de Alexandre Moret (1868-1938) y Jorge Cabral. Moret, reconocido egiptólogo francés 107 , fue invitado en 1925 a un ciclo de conferencias en la Universidad de Buenos Aires 108 . Durante su estadía, lo contactó Tomás de Estrada, quien le solicitó la elaboración de un libro cuyo contenido fuera de utilidad en las escuelas nacionales y normales en el país. El libro está dividido en siete capítulos o bolillas 109 y en cada uno de ellos se proponen los contenidos generales –Historia antigua de Egipto, China, India, Mesopotamia, Fenicia e Irán– y un cuestionario para el alumno; un resumen general con un cuadro sinóptico que integra todos los contenidos.
En la Introducción, se reproduce la correspondencia que Moret le adjunta a Estrada con su trabajo, firmada en la ciudad de París, en julio de 1926. “¿Qué interés presentan para un estudiante argentino, los lejanos destinos de los egipcios, los semitas y los persas, que no conocieron el nuevo mundo y que han desaparecido hace 2000 años?”, se preguntó Moret 110 . A Moret, al visitar los museos de La Plata y Buenos Aires, le parecieron ineludibles los paralelos sobre “la materia, las formas y el decorado” entre la cerámica peruana y la del Egipto faraónico, el Elam o el Egeo en la antigüedad. O de los paralelismos en el uso de la piedra entre las pirámides de México y las de Saqqara en Egipto. La existencia de una posible relación o contacto entre los dos continentes era una discusión preponderante en la época, ¿existió un continente ahora sumergido entre ambos? La Atlántida, para Mercante, solo era parte de las narraciones antiguas, un testamento filosófico, como la de Platón en Timeo. En sus argumentos, Mercante retomó las palabras de Florentino Ameghino, para quien fue imposible la desaparición repentina de una masa de tierra tan grande, pues no se ha encontrado ningún tipo de evidencia sobre ese cataclismo. En la crítica al libro de Mercante en la Revue Archéologique, se ponderaron sus argumentos a favor de la inexistencia de la Atlántida 111 . En este punto concordaron Mercante y Moret; para este las coincidencias entre las civilizaciones orientales y las precolombinas “son una prueba de la unidad esencial de la civilización humana” 112 .
La Atlántida no solo era una discusión acerca de una tierra perdida como puente de dos continentes sino, principalmente, la posibilidad de que fueran una misma civilización que en algún momento se separó y se desarrolló diferenciadamente. ¿Cuál fue la primera civilización? La discusión sobre los orígenes de la civilización occidental tuvo sus propios ribetes en América, interpretaciones que se formaron al calor de la búsqueda de un pasado y una identidad para las naciones sudamericanas nacientes 113 .
Conclusiones
Víctor Mercante fue un intelectual cuya producción se insertó en las fronteras de la Egiptología, creando un libro de Historia desde el margen de la modernidad occidental. Esa marginalidad no solo se expresó por su lugar de producción, sino también porque el antiguo Egipto es una historia periférica dentro de la Historia Universal. Mercante se sintió motivado por los hallazgos de Carter, acontecimiento significativo en la Arqueología sobre la historia faraónica, que terminó por delinear su ciencia y poner en primera plana la disputa sobre el patrimonio cultural antiguo egipcio.
En el libro, y en sus años de profesor universitario de Historia Antigua, Mercante logró construir un relato sólido, con argumentos y un conocimiento de las discusiones de la Egiptología sobre el contexto histórico de la dinastía XVIII y particularmente Tutankhamón. El libro de Mercante es el primer libro de Egiptología en Argentina, por lo que inaugura y crea un espacio para los Estudios Orientales de la Antigüedad, los cuales habían alcanzado alguna significación dentro de las colecciones de los museos, y que se había truncado con los esfuerzos de Viglione. A diferencia de Europa occidental y Estados Unidos, la Egiptología no era una preocupación central en el ámbito científico y universitario a fines de los años 20 en Argentina; sin embargo, Mercante se acercó a una producción que los estándares occidentales exigían.
La particularidad de su libro es que logra trascender el acontecimiento y hacer un libro de Historia del Oriente antiguo, un insumo para los estudiantes de las escuelas normales y nacionales. Por lo tanto, es fundamentalmente un manual de historia, que al mismo tiempo buscaba cautivar a un público más amplio, a través de una crónica de viaje, respondiendo con una mirada e interpretación científica al fenómeno de difusión de la historia del antiguo Egipto, la egiptomanía.
Su libro parte de un viaje, un viaje a Egipto apenas finalizada la primera campaña de Carter. En un contexto de escrituras de relatos modernistas –cuando Mercante fue un defensor del positivismo pedagógico– no tuvo un fin turístico, su viaje a Egipto lo realizó en calidad de un intelectual, cronista e intérprete de una cultura, la Oriental, y la historia de la antigua civilización egipcia.
Su interés y conocimientos como profesor de Historia Antigua le permitieron una mirada especializada, profunda y con una capacidad previa para interpretar, analizar y trasmitir y crear un mensaje sobre Oriente y su historia. Su tesis, que Egipto en la época de Tutankhamón recibió una influencia de las culturas del Egeo, le dan un marco orientalista a sus interpretaciones. Además, debe ponderarse el alcance académico del libro de Mercante, en tanto que los vínculos propuestos entre el Egipto faraónico en contacto histórico-cultural con el Mediterráneo Oriental y Próximo Oriente, son en la actualidad ampliamente aceptados entre los especialistas de la disciplina. La hipótesis de la relación con el Egeo, como eje transversal del libro, es un gran acierto en el análisis de Mercante. Desde este punto de vista, la idea de Mercante no era solo atractiva a ser discutida, sino también pionera en la disciplina. Su texto es una pugna constante en tratar de ubicar a Egipto como madre de todas las civilizaciones, reconociendo su importancia en el devenir histórico, pero sin dejar de desbalancear el argumento a favor de la cultura y el arte griego.
La recuperación del símbolo egipcio como parte de una idea de religio dúplex,lo acerca al epicentro de la fascinación sobre Egipto desarrollada durante la Ilustración y el momento en que las sociedades secretas se sintieron las herederas de los saberes mistéricos del antiguo Egipto. Con el transcurrir del siglo XIX, Egipto fue invadido, se colonizaron sus tierras y se apropiaron sus objetos; descifrados sus jeroglíficos se accedió a sus textos y los científicos interpretaron su historia: el misterio se corría para dar paso a la ciencia. Mercante escribe en un momento de la historia egipcia que es una inflexión –el hallazgo de la tumba de Tutankhamón– pues, si bien él no estaba inspirado plenamente en el exotismo y se valía de una producción científica (no egiptomaníaca), sí estaba atravesado por el orientalismo. Su posición sobre Egipto está situada desde la construcción de la ciencia occidental, que desea apropiarse de los sentidos y los objetos de la historia antigua egipcia; el anclaje en el contexto histórico de Tutankhamón en el mundo Egeo fue parte de este esfuerzo, que hace de Egipto una línea más de la civilización occidental.
Resumen:
Introducción. Más allá de Tutankhamón
Mercante y la Historia Antigua en la Universidad Nacional de La Plata
Características de un relato orientalista: crónica, diálogos y saberes compartidos
Tiempo(s) de escritura: de Carter a Mercante
Escritura en los márgenes: la Historia del Egipto faraónico
Mercante pedagogo: una Historia de Oriente
Conclusiones