in Cuadernos de Historia
Andreu Espasa de la Fuente. Estados Unidos en la Guerra Civil española
En los últimos tres años se han publicado multitud de trabajos sobre la Guerra Civil española, con motivo de las últimas efemérides sobre el conflicto. En toda esta producción editorial continúan los viejos debates historiográficos y se intentan abrir nuevos cauces de investigación. El libro del profesor Andreu Espasa de la Fuente 1 , Estados Unidos en la Guerra Civil española, está lleno de elementos novedosos para el estudio de las relaciones internacionales en el periodo de entreguerras, que podrían articular una nueva tendencia de investigación sobre el campo de las relaciones hispano-estadounidenses. La obra fue prologada por la Dra. Aurora Bosch e introducida por el Dr. Josep Fontana; se compone de siete capítulos, un epílogo muy extenso y una nutrida bibliografía.
El autor replantea cuestiones de la posición política de la presidencia Roosevelt respecto a España: conspiración militar, el Acuerdo de No Intervención, avance del fascismo en Europa, defensa de los valores democráticos, implicaciones económicas, crímenes contra la población civil y crisis humanitaria de los refugiados. El libro está dotado de una amplia recopilación de fuentes documentales, publicadas a ambos lados del Atlántico, en inglés y en español.
En un primer momento, la posición de los Estados Unidos respecto a la cuestión española fue la de permanecer al margen del conflicto militar, la de tratar de mediar y reconducir la situación a través de los cauces diplomáticos. Originalmente, la posición estadounidense estaba muy influenciada por la visión que Gran Bretaña tenía sobre la guerra en España. Desde el otoño de 1937, las posiciones comenzaron a cambiar progresivamente entre los sectores políticos de Washington, por la descarada participación de la Alemania nazi y la Italia fascista al lado de los militares golpistas y, también, por los sucesos de Málaga, Guernica y Almería. La política de apaciguamiento de Gran Bretaña y Francia cada vez tenía menos seguimiento entre los miembros del Partido Demócrata. La obra detalla muy bien como al final los deseos de neutralidad acabaron imponiéndose en todos los ámbitos gubernamentales. A nivel social, la mayoría de la población estadounidense se mostraba horrorizada por los crímenes fascistas en España, pero, a pesar de todo, siguió inclinándose por tener una posición aislacionista.
Habitualmente, en España y en la mayoría de los países de América Latina, los medios de comunicación y las investigaciones históricas suelen identificar al presidente Roosevelt como el gran impulsor del New Deal y el gran valedor de la paz social en los Estados Unidos, pero resulta altamente sorprendente ver como la política exterior de aquel tiempo queda en un segundo plano. La obra evidencia muy bien la importancia de las relaciones internacionales en aquel momento y pone en valor el liderazgo del presidente Roosevelt. La administración demócrata, entre 1933 y 1939, tuvo que tejer una red de alianzas internacionales para contener el avance de los fascismos y tuvo que trabajar duro para persuadir a los sectores aislacionistas de la sociedad estadounidense.
El aislacionismo era muy transversal a nivel sociocultural; muchos eran los que en la década de 1930 consideraban que había sido un error haber participado en la Primera Guerra Mundial. Con este panorama ideológico, el presidente Roosevelt y sus equipos políticos tuvieron que maniobrar a la hora de plantear estrategias exteriores. La cuestión española podía tener una gran repercusión electoral para Roosevelt, por muy diversos motivos, esta fue la principal razón por la que la II República nunca contó con el apoyo político y militar de los Estados Unidos.
El primer capítulo, “Diplomacia norteamericana de Entreguerras”, habla de las tensiones y las prioridades sobre política económica para salir de la Gran Depresión. La mundialización de la economía y la proyección exterior de las empresas estadounidenses supusieron elementos de presión añadida sobre Washington, a la hora de configurar las agendas internacionales. El apaciguamiento hacia las potencias del Eje tiene muchas lecturas y dimensiones, con la amenaza de expansión del comunismo de fondo. Dicha postura política también alberga muchos elementos concomitantes con la agenda exterior británica. El doctor Espasa de la Fuente concluye que el apaciguamiento estadounidense tiene una lectura interior clara: combinar ideas y aglutinar grupos del aislacionismo y del unilateralismo, observando siempre las reacciones de la opinión pública ante los horizontes electorales.
“Embargo improvisado” es el título del segundo capítulo. En estas líneas, el autor relata las preocupaciones del Departamento de Estado por proteger las vidas y las propiedades de los estadounidenses ante el estallido de la guerra en España (julio de 1936). La evacuación de ciudadanos fue rápida y fácil, pero la protección de intereses económicos fue un asunto mucho más complejo. Las grandes empresas estadounidenses tenían un gran valor estratégico para la economía de guerra y decidieron tomar la iniciativa; muchos directores y gerentes actuaron al margen de las directrices propuestas desde Capitol Hill (Texaco, General Motors, ITT, Ford y Firestone). Roosevelt defendió inútilmente la posición oficial de no vender armas a ningún bando en conflicto, opción que contó con un gran consenso, pero que nunca fue efectiva para ambos bandos. El gran defensor institucional de la II República fue el embajador estadounidense Claude Bowers (1933-1939).
Los sectores sociales más progresistas e izquierdistas, a pesar de no tener una gran importancia numérica en el conjunto social estadounidense, consiguieron movilizarse y obtener una importante visibilidad en favor de la causa del republicanismo español. El principal argumento político a favor de la ayuda a España se construyó con las informaciones recibidas de los corresponsales de guerra, en las que se reportaban casos de violencia militar contra la población civil nunca conocidos.
En el capítulo tercero, “Extensión del embargo y discurso de la cuarentana”, es la evolución natural de los sucesos y las reacciones surgidas en la sociedad y las instituciones de los Estados Unidos, con motivo del estallido del conflicto en España y del desarrollo favorable de los acontecimientos militares a favor de las fuerzas lideradas por Franco. Las campañas, promovidas diplomáticamente, para hacer cumplir la ley internacional fracasaron rotundamente. Norman Thomas se convirtió en un líder activista e interlocutor político de los amigos de la República española en los Estados Unidos, su labor se centró en trasladar también la presión a otros círculos diplomáticos.
El aislamiento y el fin del consenso sobre el problema de la Guerra Civil española tuvieron como principal efecto la creación de un ciclo de contradicciones y desconciertos entre los representantes políticos y los agentes sociales implicados. El embajador Bowers, finalmente, cambió su idea de permanecer neutrales y presionó de forma abierta a los responsables de la Casa Blanca, para tomar una postura independiente de Londres respecto a España.
El cuarto capítulo, “España en la política del buen vecino”, trata de desarrollar todas las ramificaciones de la contienda civil sobre las comunidades de países latinoamericanos y norteamericanos. La penetración del fascismo en América Latina fue puesta sobre la mesa del Departamento de Estado con alarma. Las voces más autorizadas consideraban que el sistema democrático español actuaría como muro de contención.
El capítulo quinto, “Las grietas del consenso”, gira en torno a los últimos esfuerzos diplomáticos españoles por la internacionalización del conflicto civil, a través de múltiples estrategias paralelas (fundamentadas sobre previos acuerdos bilaterales y amplios elementos de la legislación internacional). Roosevelt se mostró abiertamente partidario de la victoria del bando republicano en la primavera de 1938, pero parece ser que todas las gestiones llegaban demasiado tarde (el Departamento del Tesoro comenzó a adquirir plata española).
La comunidad católica estadounidense fue el mayor temor del Partido Demócrata de cara a una implicación directa en la Guerra Civil española, ya que los sistemas de propaganda vaticanos (claramente pro fascistas, durante toda la década de 1930) podrían causar desajustes en la planificación electoral de Roosevelt. A pesar de que el movimiento católico de solidaridad con los franquistas era muy débil en 1938 y 1939, hay que decir, que la causa de Franco contaba con simpatías políticas tanto entre los republicanos como en los demócratas. La vehemencia de las presiones de la Conferencia Episcopal estadounidense contribuyó a mantener el embargo de armas, aunque su poder de influencia ha sido muy exagerado por la historiografía conservadora. El autor desarrolla ampliamente los condicionantes católicos en la política exterior y trata de contraponer las opiniones publicadas en la prensa de aquellos años con las principales afirmaciones historiográficas al respecto.
El capítulo sexto, “El espejo mexicano”, estudia las principales preocupaciones del gobierno estadounidense hacia el país vecino y la importancia de las relaciones entre Franklin Roosevelt y Lázaro Cárdenas. La postura de México frente al conflicto bélico fue bastante clara desde el principio: apoyo sin fisuras a la autoridad de los presidentes de la República de España. También se presionó a los dirigentes estadounidenses desde los órganos ejecutivos mexicanos para tomar partido por la causa democrática en Europa.
En el séptimo capítulo, “Múnich y el principio del fin del ‘appeasement’ norteamericano”, se habla de la convicción absoluta de Roosevelt sobre la inevitabilidad de un conflicto armado, a escala global, para contender el avance de las fuerzas del Eje. Con los ignominiosos Acuerdos de Múnich, las posibilidades de supervivencia de la II República quedaron reducidas a la nada. Entre la mayoría de las representantes demócratas se generó un consenso sobre la necesidad de liderar la Gran Alianza, después de ver los resultados de la calamitosa actitud de Chamberlain y Daladier respecto a Hitler. Por su parte, en los últimos estertores de la Guerra Civil, las fuerzas republicanas prácticamente habían renunciado a la petición de armas y centraban sus esfuerzos de negociación en conseguir trigo y material médico (otoño de 1938).
Finalmente, el secretario Hull y el presidente Roosevelt tomaron la decisión de reconocer al general Franco y solicitar el viaje de regreso del embajador Bowers. El exilio republicano en México evidenció las necesidades puntuales de la Casa Blanca, que el doctor Espasa de la Fuente comentó de la siguiente forma: “Con el rechazo del presidente Roosevelt a la entrada de refugiados republicanos en Panamá, el interés del presidente por la causa de la República cerraba el círculo del pensamiento coherente. Su acercamiento a los republicanos había estado condicionado más por el miedo a las consecuencias de una victoria franquista en América Latina que por un sentimiento de afinidad ideológica con los defensores de la democracia en España” (pp. 232-233).
El libro, de principio a fin, es una contribución importantísima para el estudio de las relaciones entre España y los Estados Unidos. Aquí se abre un estadio de investigación muy interesante, sobre unas líneas temáticas bastante subdesarrolladas. A lo largo de toda la publicación, queda bastante claro, para el doctor Espasa de la Fuente, que la posición política estadounidense jugó un papel clave en la derrota militar de la II República y en la posterior consolidación de la dictadura franquista. Las reflexiones finales presentan argumentos muy llamativos, que tratan de hilar procesos y dinámicas de investigación a ambos lados del Atlántico, montando un marco de trabajo con los principales aportes académicos surgidos en México, España y los Estados Unidos durante las últimas décadas.
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Author
José Antonio Abreu Colombri
Universidad de Alcalá. España, España