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in Cuadernos de Historia
Sergio Grez Toso. Historiografía, memoria, ciudadanía y política. Reflexiones desde el oficio del historiador
Usualmente, los libros no logran coincidir con aquellas coyunturas que los hacen pertinentes para las preocupaciones políticas de las personas y los movimientos sociales. En esta ocasión, el libro del reconocido historiador Sergio Grez Toso titulado Historiografía, memoria, ciudadanía y política. Reflexiones desde el oficio del historiador, no pudo llegar a nuestras manos en mejor momento.
A solo unos días de su presentación en mayo de este año, se anunció públicamente la polémica decisión del Consejo Nacional de Educación y el Ministerio de Educación relativa a la reforma curricular de Tercero y Cuarto de la Enseñanza Media: la supresión de la obligatoriedad de la asignatura de Historia. Esta noticia provocó la oposición de historiadores, profesores y estudiantes de pedagogía, quienes vieron en esta medida un nuevo intento por deteriorar la formación del pensamiento crítico y ciudadano en las escuelas. En estas circunstancias, el libro de Grez resulta una contribución relevante en la medida en que se posiciona en el debate público y académico en torno al para qué sirve la Historia.
Si bien aparenta ser ingenua, la pregunta sobre la utilidad de la Historia ha sido controversial para quienes se dedican a cultivar esta disciplina. Al estar inevitablemente empapado del contexto social donde nos desenvolvemos, la legitimidad de nuestro trabajo profesional muchas veces se ha puesto en entredicho. En efecto, tal como lo planteó el historiador mexicano Carlos Pereyra, se ha tendido a confundir ambas dimensiones 1 . En ese sentido, la valoración científica puede verse favorecida o perjudicada por la efectividad social de la Historia, a propósito de su capacidad para involucrarse en el conflicto y la contingencia. De esta manera, se ha configurado una dicotomía entre el academicismo y la llamada “Historia militante” en tanto los extremos relativos al compromiso político e ideológico en la producción historiográfica. Por supuesto, en los contextos académicos la balanza se ha inclinado por la primera: sería deseable que los historiadores mantuvieran distancia de sus “sesgos” (lo que apuntaría a lograr una suerte de neutralidad aséptica), para así garantizar la cientificidad de su trabajo.
Consideramos que uno de los aportes de Historiografía, memoria, ciudadanía y política es que busca superar esta dicotomía, al plantear que no es posible separar la Historia de sus vínculos con la política. A través de su compilación, este libro reúne un conjunto de artículos publicados entre 1999 y 2017 (a excepción del epílogo, escrito especialmente para cerrar este libro) que, si bien no son parte fundamental de la obra de su autor, han derivado de su praxis investigativa. Se trata de instancias autorreflexivas donde se examinan las prácticas y motivaciones involucradas en el propio quehacer profesional. De esta manera, Sergio Grez nos recuerda que este ejercicio es ineludible para quienes, desde un espíritu crítico, no solo persiguen perfeccionar sus instrumentos teóricos y metodológicos en función de sus fenómenos de estudio. Asimismo, urgente para que la historiografía logre generar sentidos en públicos cada vez más amplios. De ahí la importancia que aquella, a partir de su conexión con el pasado, atienda las preocupaciones del presente. Con todo, el planteamiento central de este libro es que, a propósito de la dicotomía que hemos referido, existen términos medios: una Historia rigurosa con sentido ciudadano es posible y nuestras sociedades la requieren.
En este marco, Grez nos introduce en distintos aspectos y episodios que caracterizaron el debate público e historiográfico de la transición a la democracia en Chile. De esta manera, el libro dibuja un recorrido que, en sus ocho capítulos, está marcado por la detención del exdictador Augusto Pinochet en Londres y su “Carta a los chilenos”, el desarrollo que –por entonces– estaba teniendo la Historia Social, además de la confusión entre Historia y memoria. Asimismo, el desenlace del programa televisivo “Grandes Chilenos de nuestra Historia” que dio por ganador al expresidente Salvador Allende, el centenario del comunismo chileno y una reflexión sobre la práctica del historiador. Para finalizar, Sergio Grez cierra con un epílogo referido al debate historiográfico entre la Historia Social y la Historia Política que sintetiza todas las aristas que componen el libro y su título.
Pese a su heterogeneidad, los artículos compilados proponen dos ejes analíticos que, a nuestro parecer, son de crucial importancia para entender el planteamiento de su autor.
El primero nos remite a la capacidad de la historiografía de operar socialmente. Al respecto, Grez sostiene que, incluso sin estar inducido premeditadamente, el saber producido por los historiadores ha tenido distintos grados de recepción en las sociedades. Aun cuando este conocimiento se ha expresado de forma sutil o “vulgar”, resulta innegable que la Historia participa de la permanente articulación de sentidos comunes. Consiguientemente, es capaz de influir en la formación de memorias colectivas y, con ello, de identidades y tradiciones.
A propósito de la reforma curricular que fue anunciada este año, el libro de Grez reafirma la plena vigencia de la disputa por aquella memoria colectiva que queda como sedimento común en los pueblos. De esta manera, nos recuerda la importancia de la labor de los historiadores frente a los intentos tecnócratas por desmedrar la formación ciudadana (enfocando, por ejemplo, solo su dimensión jurídica) y, en general, el pensamiento crítico. Así, en tiempos en que los formatos de comunicación académica se han enfocado en públicos cada vez más especializados, los planteos de Sergio Grez refuerzan los argumentos para reforzar la búsqueda por una mayor eficacia en la exteriorización de este conocimiento.
El segundo aspecto tiene relación con las claves epistemológicas que permitirían desarrollar una historiografía que, sin descuidar el compromiso político, cumpla con los criterios de calidad académica. A juicio de Grez, la Historia Social nos ofrece una serie de imperativos metodológicos y teóricos que apuntan a una comprensión más global y compleja de las sociedades. En efecto, al reconocer que todo actor no está encerrado en su propio mundo, esta perspectiva centra la mirada en sus interrelaciones con otros. De esta manera, el autor se inscribe en una tradición que se ha replanteado el análisis estructural para explicar los fenómenos históricos, a propósito del peligro del determinismo.
Para los historiadores, este libro realiza una invitación sugerente: ampliar el abanico de factores que inciden –en distintos grados– en los comportamientos de los sujetos, sin perder de vista los sistemas de jerarquía y subordinación que organizan la vida social. De esta manera, una historiografía crítica sería aquella que no solo es capaz de explorar otras lógicas explicativas que no sean las que construyen –usualmente de forma ensimismada– los mismos actores. Asimismo, aquella que no abandona la problemática del poder en sus múltiples dimensiones, incluyendo aquellos espacios institucionales más tradicionales de la política. En ese sentido, los textos compilados nos entregan varias claves que explican la revitalización de la historiografía política chilena en los últimos años.
Con todo, al igual que muchas de sus obras, el libro de Sergio Grez aparece como una lectura imprescindible para el desarrollo de la disciplina histórica y, a su vez, para la acción ciudadana.
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Author
Ximena Urtubia Odekerken
Universidad de Santiago de Chile. Chile, Chile