in Cuadernos de Historia
La Sociedad de la Igualdad y el movimiento social igualitario en el Chile decimonónico
Resumen:
El presente texto revisa el proceso político de emergencia del movimiento social igualitario durante el período 1848 a 1851 en Chile, e intenta dilucidar los motivos que provocaron su aparición, así como las alianzas que se fueron gestando entre distintos actores para presionar a mediano y largo plazo hacia una transformación democratizadora del escenario político chileno. Basado en un extenso análisis de fuentes primarias, se intenta entender la demanda igualitaria y se reconocen los aspectos novedosos que aportaron las más importantes figuras de este movimiento al debate público de la época. Se propone que el igualitarismo apoyó su demanda en una concepción sobre libertad, igualdad y fraternidad que se liga directamente con la corriente política republicano-democrática europea, aspecto que no ha sido tan claramente puesto en evidencia por otros estudios, pero también que fue un elemento fundamental para canalizar el proceso democratizador en el Chile de la época.
Introducción
El movimiento social del cual será parte la denominada Sociedad de la Igualdad durante el siglo XIX chileno es un proceso que acompaña una profunda transformación social y política en nuestro país, en el cual la Sociedad de la Igualdad será una pieza clave que logrará radicalizar la crítica presente en algunos sectores opositores al gobierno y articular un discurso en consecuencia. De este modo, la Sociedad de la Igualdad levantará una demanda asociada a necesidades específicas del sector artesano y de una pequeña burguesía que no encontraba apoyo en el Estado, demanda que se enlazará con un discurso igualitarista –o, según proponemos aquí, perteneciente a la corriente republicanodemocrática–, que permitirá el encuentro entre clases sociales, así como la legitimación de la participación política de estos sectores frente al rechazo conservador y muchas veces también el liberal.
De este modo, la Sociedad de la Igualdad logrará romper con el cierre político y el autoritarismo instalado por el gobierno conservador desde 1829, lo que permitirá –a largo plazo– generar una transformación democratizadora a nivel político institucional, mientras que a nivel de práctica política, establecerá una continuidad con una concepción sobre igualdad, libertad y fraternidad proveniente de la segunda república francesa, pero presente también, tanto en la primera revolución en Francia antes del golpe termidoriano, en algunas ciudades-estado romanas y también en la Grecia de Pericles y Aspasia. Dicha continuidad es posible de observar también en la segunda década del siglo XIX, según señala Sergio Grez, en asociación a las sociedades de Socorros Mutuos y en sus expresiones políticas y de “regeneración del pueblo” 1 . De este modo, se presenta en primera instancia un análisis sobre el contexto de emergencia del movimiento social igualitario en el contexto de los gobiernos conservadores, para después abordar cuáles serán sus demandas sociales, políticas y económicas, así como sus alianzas con otros sectores, las que, en su conjunto, presionarán hacia una transformación democratizadora en Chile. El análisis que aquí se presenta se basa en una extensa revisión de fuentes bibliográficas, así como de fuentes primarias otorgadas por el acceso a diarios y periódicos del período. Se revisaron un total de trece diarios y periódicos de distinta tendencia política, con énfasis, sin embargo, en los diarios propios del movimiento social igualitario, y editados en los lugares en los que el movimiento social igualitario tuvo mayor presencia, publicados durante el período 1848-1851 2 , así como textos y libros de las principales figuras de la Sociedad de la Igualdad. El análisis de la información recogida en los diarios de época se realizó a través de la metodología cualitativa de investigación, utilizando la técnica de análisis de contenido 3 . Las citas, por este motivo, se presentan del mismo modo que fueron recogidas en las fuentes reseñadas.
Contexto de aparición del movimiento social igualitario: Viejas y nuevas (des)igualdades al interior de la naciente nación
En el Chile posterior al proceso de independencia de este país de España, tendrá lugar un proceso de apertura política que buscará argumentar la legitimidad del proceso independentista en contraposición a los argumentos de sumisión a la Corona española 4 . Este proceso, llevará a su vez, la búsqueda por construir un nuevo “ethos colectivo” más igualitario 5 o “comunidad imaginada” 6 a través de una convocatoria al bajo pueblo. No obstante, tanto el “desorden de la plebe” que traerá dicho proceso 7 , como las distintas disputas al interior del independentismo, enfrentarán a este sector en una guerra civil en la que el sector conservador resultará victorioso. De este modo, la instauración del gobierno conservador en 1829 implicará un cierre político que limitará el debate y lo asociará a “la anarquía”.
En paralelo a este proceso, el capitalismo comercial presionaba a Chile hacia la definición de espacios y regulaciones que se abrieran hacia el libre intercambio de mercancías como primera prioridad. De este modo, la victoria obtenida por el sector conservador en la batalla de Lircay en 1829 implicará la instauración de la “paz” necesaria para mantener el orden de las relaciones comerciales, así como para limitar también las pasiones políticas. Será dicho proyecto conservador el que reforzará históricamente la idea de que en Chile se constituyó tempranamente la democracia, a pesar de que, durante el período conservador se limitará el voto masculino y la elegibilidad, eliminando las instancias de representatividad regional dadas anteriormente y entregando más importancia al Ejecutivo 8 . La Constitución de 1833, por su parte, permitirá aplicar regímenes de excepción, lo que dará lugar a una declaración reiterada del estado de sitio 9 . En este nuevo texto constitucional se eliminarán además los conceptos de república 10 y de pueblo, siendo este último concepto remplazado por el de nación 11 . De este modo, el conjunto del pueblo pasaba a ser era definido por la nación, mientras que su representación recaía en las autoridades electas 12 y no en pueblo mismo, como lo hacía en las teorías soberanistas. En esta línea, el tipo de república que se establecerá en Chile a partir de la independencia con España será una que carecerá del contendido de fraternidad 13 y mantendrá, a pesar de los ideales de igualdad ciudadana que trajo el proceso independentista, la idea de dominación patriarcal al interior de la nación, de los estamentos y de la familia 14 . Esta visión impondrá así una limitación “desde arriba”, que se fundará en el temor y la consiguiente apelación al control por parte de las élites conservadoras 15 y también las liberales.
Una reapertura del debate político ocurrirá solo años más tarde, de manera paralela al surgimiento de una organización política que traerá una visión y prácticas novedosas respecto de la política autoritaria, tanto liberal como conservadora. Este movimiento social, organizado a través de sociedades que se harán llamar “de la Igualdad” incorporará a un sector de artesanos descontentos con el gobierno autoritario y a un sector cercano a una pequeña burguesía incipiente, afectada por la concentración de la propiedad, por las dificultades de acceso a crédito privado que en algunos casos se tornaba usurero 16 y a la vez, imposibilitada de acceder a apoyo de parte de un Estado todavía incipiente.
Movimiento Social Igualitario: discurso, práctica y demanda
La década de 1840 da cuenta de un conjunto de instancias de movilización en contra de la política del gobierno conservador, que gobernaba Chile desde 1829, las que daban cuenta no solo de que la lucha postindependentista entre pipiolos y pelucones no había llegado a su fin, sino que todavía no se definía de manera clara cuál sería el sector que llevaría adelante el aún inicial proceso de constitución patria 17 . La constitución de Chile como Estado-nación bajo la égida del sector conservador se hacía bajo una fuerte concentración de la tierra, a la par de una política que debilitaba la industria artesana nacional, y en un contexto de emergencia de la institucionalidad estatal concebida desde la perspectiva de la desconfianza y la interferencia en el ámbito de lo privado, pero que privilegiaba un manejo tributario que daba preferencia a la ciudad de Santiago, en detrimento del norte y centro-sur del territorio 18 .
El sector artesano, en este contexto, veía cada vez más afectadas sus condiciones de trabajo, no solo por la llegada de manufacturas extranjeras y el fortalecimiento de un comercio más elitista 19 , sino también como consecuencia de la obligación –impuesta por los gobiernos conservadores para debilitar el Ejército mayormente opositor 20 – de servir en la Guardia Cívica 21 . Por otro lado, aun siendo una importante masa votante, en la práctica los artesanos no podían incidir políticamente.
De este modo, la aparición de una juventud ligada familiarmente a los perdedores pipiolos y a la minería en el norte 22 , ajena al sector propietario y ligado al libre comercio, excluida de la política pública y altamente influida por el pensamiento de la II República Francesa 23 , así como un sector artesano afectado en su cotidianidad por la política autoritaria del gobierno 24 , serán factores importantes que impulsarán este movimiento de oposición.
Este conjunto de hechos irá provocando un creciente malestar tanto en los jóvenes cercanos al liberalismo-pipiolo, como en el artesanado, los que concertados por un discurso de igualación y politización de las clases populares se convertirán en la base de constitución de las sociedades igualitarias. La figura del artesano se convertirá así en el personaje principal de esta nueva relación fraterna, al ser, como también lo fuera en la Francia postrevolucionaria, un sector que podía alcanzar su independencia económica a través de su propio trabajo, siendo, no obstante, subyugado a través de su participación obligatoria en la Guardia Cívica y la expoliación de sus medios de producción 25 . El discurso igualitario emergía así en un contexto en el que la naciente “república” mantenía fuertes características de rigidez que impedían la incorporación, en igualdad de condiciones –o en condiciones de ciudadanía– a todos los (y las) 26 integrantes de la nueva nación.
Fuimos colonos, somos esclavos, debemos ser libres: Fuimos colonos i esto basta: porque todos saben cuanto sufrió Chile en esa cruel dominacion: ser chileno i artesano era lo suficiente para que nuestros amos nos tratasen como a seres que no perteneciamos a la especie humana: pero lo mas cruel e insoportable es que nuestros paisanos nos den hasta ahora el mismo trato que los conquistadores 27 .
En este sentido, las demandas de los igualitarios estarán sustentadas en una posición específica en la estructura social, así como en una relación de poder y sujeción para con el sector gobernante, lo que dará pie a un malestar creciente y a una reconfiguración, liderada por algunos jóvenes igualitarios, respecto de cómo entender la política pública. De esta forma, queremos destacar que, si bien las concepciones políticas de los igualitarios usualmente se han entendido como una “lectura plebeya del propio ideario liberal” 28 o como sin un sustento coherente detrás 29 , aquí se sostiene más bien su línea de continuidad con la tradición republicano-democrático europea 30 . Dicha concepción política será traída por los iniciadores de la Sociedad de la Igualdad (Francisco Bilbao y Santiago Arcos) desde Francia y será incorporada en la práctica de la Sociedad de la Igualdad a través de la relación igualitaria entre clases sociales (fraternidad), de la consideración de la independencia económica como base necesaria para la libertad (libertad) y de estos dos elementos como cimientos del encuentro entre iguales en lo político (igualdad).
De este modo, la práctica de la Sociedad de la Igualdad era altamente moralizadora a través de la palabra, la asociación y la valoración del aprendizaje en el trabajo 31 . Buscaba así, asentar una práctica salvadora del prójimo, eliminando las penas de azotes y los trabajos forzados. Finalmente, intentaba también ennoblecer con “la política que ama” y en base al trabajo, a los pobres y a los delincuentes 32 .
La Sociedad de la Igualdad impulsará así un debate que dará cuenta de profundas diferencias sobre cómo entender la política y labor del nuevo “Estado en forma”, donde se enfrentaban concepciones disímiles sobre a) los límites para establecer la inclusión en el sistema político y, por tanto, la amplitud y realidad de la política democrática; b) sobre a quién le cabía la responsabilidad de asistir a los pobres o cómo establecer las cargas tributarias. En esta línea, y con relación a las carencias que padecían las personas pobres, por ejemplo, el sector conservador consideraba que la solución pasaba por la existencia de instituciones “de caridad” a cargo de la Iglesia Católica o de carácter estatal, recalcando eso sí, que éstas debían ir dirigidas solo a los pobres y no a los que podían pagar por educación o atención médica 33 .
Otro debate giraba en torno a la estructura tributaria, donde la política conservadora planteaba una política impositiva de recaudación regresiva, mientras la oposición demandaba establecer un impuesto directo sobre el capital 34 . Para la oposición al gobierno, esto último permitía que no se afectara el consumo o el trabajo del pobre 35 y abría también un debate en torno a entregar medios “públicos” que apoyaran la creación de industria, esto en consideración de que no existía en esa fecha forma de acceder a un cierto capital (crédito), ni a la tierra, que ya estaba en un alto porcentaje en manos de los conservadores. Este era un tema, como ya se ha sostenido a lo largo del texto, no tan solo económico, sino también de constitución de ciudadanía, en tanto, la independencia y la posibilidad de participar en el ámbito público estaba dada por los medios (renta y propiedad) con los que se contaba para subsistir; y es precisamente en este punto en el cual intersectarán los intereses de la burguesía incipiente (ya fuese liberal o igualitaria) y el artesanado, pues, mientras la primera requería de apoyo “público” para, por ejemplo, acceder a crédito 36 , el artesanado se veía afectado por una política de Estado que atacaba directamente sus medios de trabajo. No obstante, estas demandas se enfrentaban a la réplica conservadora, que dejaba ver su desprecio por las mismas:
Hay para los igualitarios derechos, pero para los retrógrados no. Harto favor se les hará con dejarlos vivir i eso no por respeto a ellos, sino por no mancharse con su sangre inmunda. (…) Nosotros en nombre del trabajo de siglos que hemos heredado de nuestros padres i que se llama propiedad, tierra labrada, edificios construidos, dinero acumulado (…) En nombre de veinte años de paz, los únicos de que ha gozado estado alguno de la América del sud, i que debemos a todo tranco conservar (...) Pedimos al Gobierno Que gobierne (...) 37 .
De este modo, si el movimiento igualitario clamaba por participación política, para el sector conservador el sentido de la política era definir, sin cuestionamientos, aquel camino que parecía natural a la evolución de las sociedades. Lo contrario, como en el liberalismo hobbesiano, era igual al desorden. De esa forma, la lucha contra “las pasiones ilegítimas” 38 y finalmente, contra lo político en sí mismo, se entendía por parte de los conservadores como “la lucha contra la naturaleza” 39 . Para los conservadores, el Estado y el orden constituían el ascenso de la razón y en contraposición, el conflicto político representaba la libertad absoluta, es decir, la regresión a un estado de barbarie 40 . Mientras tanto, la “libertad de los antiguos” 41 , es decir, la política como reflexión y debate inclusivo del “demos”, se convertía en una amenaza y provocaba el profundo rechazo e incluso la burla de parte del sector conservador, para quien invocar la idea de igualdad era un absurdo e intentar llevarla a cabo una maldad:
La democracia, han oido decir, es el gobierno del pueblo, i como en esta palabra no se comprenden los caballos ni jumentos, los pavos ni las gallinas, claro es que todo viviente que tenga figura humana debe tener participacion” 42 .
Los votos en sociedades atrasadas, en donde la ilustracion no ha deparado las costumbres, modificado las inclinaciones e iluminado a los hombres para conducirlos por la senda del interés público, no se cuentan, se pesan mas bien. De aquí la restriccion del derecho de elejir entre nosotros aplaudida y aun envidiada por naciones que marchan a la vanguardia de la civilizacion y la cultura 43 .
Desde esta perspectiva, para el sector conservador cualquier atención que mostrase el bajo pueblo sobre el camino que tomaba el país no era un acto genuino, sino producto de su tendencia al desorden o de la exaltación a la que los convocaba la oposición. No obstante, se afirmaba, la igualdad legal prevalecía en la práctica y ésta era –reclamaban los conservadores y muchos iberales– la única igualdad posible y justa 44:
Preciso es desengañarse, solo la lei hace iguales a los hombres igualando sus derechos y su situacion politica. Nadie puede identificar la condicion social de los individuos de la humana especie, que los demagogos prometen; por que las desigualdades que a este respecto se observan entre unos y otros emanan de la naturaleza y a nadie es dado variar de improviso el rol que ella tiene dispuesto 45 .
Desde esta perspectiva, la emergencia del movimiento social igualitario venía a poner de cabeza todo el esquema normativo de los sectores conservadores chilenos durante la época. Para los sectores conservadores, la posibilidad cierta de organización política popular aparecía enlodada por la idea de igualdad, al reunir en un mismo grupo a individuos de distintas clases sociales. De este modo, si bien era aceptable la organización popular con fines electorales 46 o corporativos, no lo era la mezcla de distintas clases del pueblo para transformar la sociedad (adjudicándose además la representación del pueblo, lo que estaba prohibido por ley 47 ).
Los conservadores rechazaban así este “movimiento igualitario”, que invocaba el “dogma de la igualdad” 48 , y que era contrario al orden natural que reparte los prestigios, conocimientos y riqueza según la capacidad de cada grupo social 49 . Deeste modo, para los conservadores el parentesco entre posición social y política se concebía como natural, pues al ser dicho sector aquel que no requería nada del Estado era también el que actuaría con mayor desinterés y mayor eficacia en pro del “bien común”. El conservadurismo aceptaba así una igualdad que no cuestionara el orden, es decir, el derecho de las “clases elevadas” sobre su posición económica y social; una igualdad con estricto respeto de la propiedad como derecho natural; una igualdad legal como “principio conservador de toda sociedad” 50 y una fraternidad que implicaba apaciguar los odios políticos y entre clases sociales, para que de ese modo reinara la paz y el progreso en la nación:
Es en el partido conservador en donde se encuentran los hombres desinteresados, los que no van a pedir al gobierno ni posicion, ni respetabilidad, ni consideracion, ni influjo, ni rentas. Es en su seno en donde se hallan los hombres prácticos, avezados en los negocios públicos, dotados de la prudencia i de la cordura que la administracion requiere 51 .
En ese sentido, la “doctrina” igualitaria rompía, para los conservadores, con la igualdad constitucional dada por las leyes 52 y en esta línea el diario conservador La Tribuna señalaba el peligro de caer en el tipo de errores que implicaba la participación política del bajo pueblo, haciendo un símil entre los clubes ingleses y los franceses, siendo estos últimos comparados con las sociedades de la Igualdad. Del “club inglés” se decía: “El vapor es el orador de aquel club, cuyos miembros, en lugar de estarse sentados en banquetes ruines como unos palmasas, se ajitan para producir obras útiles i perfectas” 53 . Los “clubes franceses”, por su parte, eran integrados, desde esta perspectiva, por personas del estado medio y por la burguesía, “la más confiable por su fortuna”, la que sin embargo era “desconocida” en Chile 54 . En este sentido, su organización en el país no tenía objetivo, aún más cuando la ausencia de burguesía terminaba siendo suplida en Chile “con el populacho” 55 .
Se ha intentado recientemente en Chile esa rejeneracion del pueblo; se ha importado entre nosotros ese fatal espíritu de sistema que ha desquiciado mas de una sociedad desde que en el cerebro visionario de algunos ardientes utopistas prendieron esas quiméricas ideas de igualdad, comunismo 56 .
Destaca así el absoluto desprecio que existía en los sectores dominantes en Chile durante el período, tanto por el pasado colonial hispano, mestizo y popular del bajo pueblo 57 como por cualquier intromisión de “la masa bruta contra la propiedad” 58 y también, en los destinos de la nación y por ende en su dimensión política, ya fuera esta intromisión llevada a cabo de manera pacífica o “revolucionaria”. Sin embargo, los sectores descontentos empezaban a crecer 59 y, junto con ello, a sumar poco a poco a algunos liberales, los que, aun participando en el gobierno, empezaban a rechazar la política autoritaria y encapsulada del régimen conservador 60 que les impedía acceder al poder por las vías formales, como consecuencia de una política crecientemente autoritaria 61 .
Se empezará a observar entonces que algunos liberales, que anteriormente habían rechazado las apuestas por la igualdad del pueblo –formando junto a sectores conservadores la que se llamará la Sociedad del Orden en 1846 62 – terminarán por manifestarse totalmente en favor de la oposición. De este modo, cuatro serán los sectores que empezarán a reconfigurarse formando nuevas alianzas para transformar la República Autoritaria; el liberal escindido del gobierno (como Ramón Errázuriz, liberal y fundador de la Sociedad del Orden, o Camilo Vial del “ministerio de septiembre”); el liberal proveniente de familias acomodadas o de menor estatus como eran los antiguos pipiolos 63 ; el militar, con sectores internos y regionalistas que bien podían tomar una u otra posición, según qué caudillo estuviese al mando 64 ; y finalmente, el sector ligado a los “clubes políticos” llamados Sociedades de la Igualdad, que si bien irían acercándose cada vez más a los liberales sobre todo en el contexto eleccionario del 50, surgirán con el fin de incorporar nuevas prácticas políticas al escenario chileno y “regenerar” al pueblo 65 y serán, desde la perspectiva planteada aquí, pieza fundamental para la radicalización y articulación coherente de todo el movimiento.
Las demandas de economía política de la Sociedad de la Igualdad
Se han dictado leyes, tendientes todas a favorecer los intereses de los grandes capitalistas, con perjuicio de los pequeños propietarios, i de todos los que viven del trabajo cotidiano 66 .
Según ya se ha mencionado, la aparición de la Sociedad de la Igualdad logrará generar una ruptura cualitativa respecto de cómo se entendía el orden legitimado por los sectores conservadores. La posibilidad de ligar la independencia económica y la participación política, fundamento de la república, con la igualdad entre todas las clases sociales, le otorgaba “recursos” 67 y fortalecía al movimiento. De este modo, el movimiento desafiará a los conservadores que no entendían este cruce de fronteras sociales. A medida que la pequeña burguesía liberal y los artesanos encontraban dificultades o percibían como nulo el apoyo del gobierno en las áreas en las que se desempeñaban, se irá instalando un malestar que irá fortaleciendo el movimiento igualitario. Muchos de los líderes igualitarios provenían de familias de pequeños propietarios, por lo que el igualitarismo demandaba también políticas que auspiciaran la movilidad social, la reforma agraria y la protección de la producción nacional, lo que implicaba a su vez mayor apoyo de parte del Estado a los que no poseían propiedad ni medios para sustentarse; es decir, los que finalmente no podían ser “libres” en el contexto republicano, aun siendo ilustrados, pues no podían sustentarse materialmente.
En la Sociedad de la Igualdad se discutirán proyectos para la enseñanza y el socorro mutuo 68 , se realizarán numerosas actividades para la “regeneración del pueblo”, como clases para niños y adultos, y se enseñarán oficios 69 . Para Santiago Arcos, uno de los fundadores de la Sociedad de la Igualdad (el más radical entre sus miembros), la Sociedad pretendía afianzar ideales verdaderamente demócratas” y “sacar al pueblo de la vergonzosa tutela que se le tiene sujeto” 70 .
La Sociedad de la Igualdad demanda así una “verdadera libertad” que liberara la riqueza de Chile 71 y el adelanto de la república 72 ; una libertad que no implicara la cooptación de los recursos del Estado por parte del sector en el gobierno, sino su ampliación a otros grupos que no participaban de “sus negocios”, pudiéndose así desarrollar otras industrias y comercios que no fueran los de dicho sector 73 . Se exigía así “el derecho a la propiedad i al cambio libre de la propiedad, que es lo que se llama libertad de comercio” 74 .
En ese sentido, es que la Sociedad de la Igualdad, pero también los sectores liberales empiezan a abordar el cómo organizar la economía desde lo social y lo político-institucional 75 . Desde esta perspectiva, la libertad contemplaba la posibilidad de abrir el ámbito de la propiedad para que otros pudieran acceder a ella a través del crédito 76 y de cuestionar finalmente, el derecho hereditario o monopolista sobre los bienes 77 , como era, por ejemplo, la política del mayorazgo. Las clases altas, señalaban, preferían gastar grandes sumas de dinero en comprar manufacturas en Europa, dejando de lado la opción del mercado nacional 78 , mientras el valor de los productos nacionales se acrecentaba por efecto de los costos que “la clase obrera” debía pagar por las materias primas 79 . El gobierno, por su parte, gastaba dinero en “muebles y adornos”, en pagar votos, en pensiones “para viudas de ministros” 80 .
Tanto el crédito y la acumulación de capital, a través del talento de “sustraer un valor a un consumo estéril” 81 , así como la industria, “el acrecentamiento de los capitales (...) que son el verdadero termómetro de la riqueza pública” 82 , eran considerados por los igualitarios como el elemento central de la acción del gobierno, “que es un banco de seguros en cuya conservacion se interesan todos” 83 .
Del sector más liberal, por su parte, nacerá también la propuesta de un banco nacional, presentada por el diputado de dicha tendencia José Victorino Lastarria 84 . Se presentará además por parte de “una comision representante de los obreros de Santiago, ante la Cámara de Diputados” 85 un proyecto de ley de “banco de alivio para pobres, (...) formulado i discutido en las reuniones de la clase trabajadora” 86 . El crédito público y la banca nacional se convertirán así en dos opciones importantes para cimentar el “desarrollo interno”, evadiendo de ese modo las instancias crediticias que expoliaban al pueblo.
Soberanía y derecho de asociación: libertades civiles para el pueblo.
La libertad de imprenta, que la lei no concede sin responsabilidad i sin límites, ha producido el despotismo de la prensa. ¿El derecho de asociación no produciría luego el despotismo de los asociados? 87 .
La demanda del movimiento igualitario intentará hacer resituar el lugar en el cual recaía el poder político, a través de una réplica que no era ya territorial, como fuera la de la independencia, sino asociada al pueblo. De este modo, reclamará por la obediencia que los representantes del poder debían tener para con el pueblo:
En la República, el primer majistrado es el primer servidor, es el único esclavo entre los hombres libres; esclavo de los deberes que trae consigo el penoso encargo de procurar el bienestar de una inmensa multitud de hombres 88 . El carácter fiduciario del poder, al que apelaban los igualitarios, daba cuenta de que la soberanía que debía recaer otra vez en el pueblo 89 : No se gasten en presidentes sin conciencia i sin patriotismo (...) El pueblo es acreedor: no esperen a que el pueblo se presente a cobrar por la fuerza lo que es necesario pagarle de grado 90 .
Para la Sociedad de la Igualdad, en este sentido, la igualdad no era, ni podía ser solamente jurídica, pues en la práctica el pueblo se veía mayormente afectado por las decisiones u omisiones del gobierno, siendo a su vez cooptado en su derecho a voto, ya fuera por las relaciones jerárquicas (Guardia Cívica 91 ) o por el estado de necesidad al que se veía sometido. El pueblo no podía así ser libre políticamente, aunque votase, a menos que se liberara a sí mismo a través de la organización y la autoeducación. La igualdad y la libertad no existían, reclamaba la Sociedad de la Igualdad, pues no a todos les tocaba responder de la misma forma ante la ley 92 ; ante la ley “triunfa el mas poderoso” 93 , no hay libertad para el pobre porque se le castiga a “palos i azotes”, ni para el pueblo pues se le deja “vivir y morir en la miseria” 94 ; no hay libertad de asociación, pues si los ciudadanos se reúnen en gran número se le llama “poblada” 95 , si lo hacen en horas nocturnas se les llama “sospechosos”, si los que se reúnen son obreros, “turban el orden” 96 ; no había, por tanto, igualdad de beneficios, de contribuciones, de admisión a los empleos 97 : “Solo hai libertad en los paises donde los poderes públicos representan lealmente todos los intereses” 98 .
Para el artesano, a su vez, la proletarización a la que se exponía durante este período implicaba una pérdida de libertad: la de la pérdida de sus medios de producción 99 , sobre todo cuando con ello perdía incluso el dominio masculino sobre la familia, dado que la mujer, en algunos casos, se veía obligada a servir fuera del hogar, perdiendo así el hombre el poder exclusivo sobre la misma. De este modo, desde la perspectiva artesana –y en contraposición con la visión de Bilbao sobre la mujer–, la libertad republicana no implicaba el fin de la dependencia de la mujer en la esfera privada 100 .
En conclusión, entre las demandas de la Sociedad de la Igualdad resumidas por Francisco Bilbao en el diario La Barra estarán: libertad de prensa y de palabra; libertad de reunión; libertad de cultos; libertad de enseñanza; derecho de tránsito y residencia; inviolabilidad del hogar; garantías legales 101 ; libertades políticas (entre ellas de sufragio y de elegibilidad); acción popular cuando se viole la libertad 103 ; y finalmente, políticas sociales (o de fraternidad, según Bilbao) como el derecho a asociación que daba pie “al crédito moral o educación”; al crédito material o instrumentos para producir” .
En consecuencia, la demanda más sentida por los igualitarios se enfocará en defender el derecho de asociación, el cual era limitado por el gobierno específicamente para “los clubes franceses”. La defensa de este derecho era la base que permitía resituar la acción soberana en un nuevo sujeto político, “el pueblo” que propiciara el cambio social y colectivo:
Sin el derecho de asociacion sois individuos que dispersa el despotismo como el viento al polvo del camino. Sin asociacion sois nada, con asociacion sois todo. Esto se probará en todo, en la politica, en el arte, en la industria, en la ciencia, en la vida misma 104 .
Sin embargo, y a pesar de que la Sociedad de la Igualdad intentará llevar adelante una rebelión, esta no tendrá buenos resultados. Se terminarán con ello, las expresiones más claras de la Sociedad de la Igualdad con el motín del 20 de abril de 1851 105 .Sin embargo, el igualitarismo se seguirá manifestando aliado con otros sectores, aunque ya no en sus principales figuras. Ya en el contexto de la Guerra Civil de 1851, en Valparaíso se amotinará la Sociedad de la Fraternidad 106 , y más tarde en la ciudad de La Serena, la Sociedad de la Igualdad de esta ciudad participará activamente en la rebelión 107 . En 1858, como parte de la movilización que llevará a la Guerra Civil de 1859, se formará una Sociedad Política Obrera, donde se aglutinarán sectores que antes habrían conformado la Sociedad de la Igualdad 108 . Por su parte, durante esta segunda Guerra Civil en la ciudad de Copiapó se verá un movimiento social asociado a clubes políticos, de orden “liberal democratizante” 109 , sección de la movilización que, a pesar de su importancia, se verá obligada a delegar su posición en favor de los magnates mineros 110 . Aun así, es posible observar la permanente y definida presencia de este sector igualitario, en el contexto general de rebelión contra el conservadurismo en el gobierno, lo que terminará por desestabilizar su hegemonía institucional 111 .
Pasos hacia la democratización
Durante el gobierno de José Joaquín Pérez (1861-1871) y después de la guerra civil de 1859, se llevarán a cabo ciertos cambios constitucionales que “anuncian la Tercera República chilena” 112 . Entre otros elementos, se aprobarán leyes de amnistía y de tolerancia de cultos. Asimismo, se extenderá el voto, en el entendido de que todo el que sabía leer y escribir poseía la renta mínima para ser ciudadano; se cambiará la elección del Senado hacia uno representativo de las provincias; la Comisión Conservadora del Parlamento pasará a ser integrada por miembros de ambas Cámaras; se restringirán las facultades extraordinarias del Presidente; se limitará la intervención electoral; se incorporarán los derechos de reunión, asociación y enseñanza, entre otras transformaciones 113 . En 1871, por último, se realizará una reforma constitucional que provocará un cambio importante hacia la “superación del autoritarismo presidencialista y una lenta restauración de los elementos liberales del constitucionalismo republicano” 114 . De este modo, se disminuirá el poder del Presidente, la posibilidad de declaración de estado de sitio y la cantidad de derechos que se limitan durante dicho período, mientras se reconocían también la libertad de asociación, la libertad de reunión y la libertad de enseñanza 115 .
Se logrará así superar la estructura autoritaria del gobierno conservador y se provocará una transformación democratizadora que estará en la base de la cultura político-institucional chilena del resto del siglo XIX e inicios del XX. Por su parte, si bien el levantamiento igualitario no logrará incorporar los principios levantados por este movimiento a la política estatal –pues en ese ámbito la transformación se dará más bien desde el liberalismo–, este movimiento será un elemento fundamental para que –en la práctica– pueda producirse el cambio democratizador. No obstante, los aspectos más específicos de la demanda y práctica igualitaria y republicano-democrática, dirigidos hacia fortalecer el Estado en un sentido que podríamos llamar, siguiendo a Berlin, de “regulación positiva”, solo se mantendrán en el tiempo incorporados en las sociedades de socorros mutuos, cuya práctica fraterna y solidaria recorrerá todo lo que restará del siglo XIX 116 .
Conclusiones: implicancias del largo proceso de democratización
En este artículo se ha buscado comprender el largo proceso de movilización social democratizadora que tuvo lugar en Chile en las décadas de 1840 y 1850, así como cuál fue la importancia que tuvo la Sociedad de la Igualdad en este contexto. Si bien dicha organización no fue el único actor involucrado en la transformación, sí fue un actor fundamental al movilizar y aglutinar a un sector de la sociedad que se encontraba ajeno a la política, integrándolo a su vez a través de un discurso igualador que consideraba la identidad desde la práctica productiva; es decir, desde una idea de libertad como independencia, y de independencia como propiedad de medios para sostener la vida. Desde esta perspectiva, el gobierno autoritario no solo limitará la participación política, sino también las bases mismas que hacían posible dicha participación. Es justamente en este ámbito que una correcta comprensión de la teoría republicano-democrática como un elemento distinto del liberalismo y fundamentado en una concepción radicalmente opuesta sobre el ser humano, ha permitido interpretar las diferencias esenciales entre la demanda igualitaria y la de los otros actores en disputa. El componente republicano-democrático impulsará –gracias a su coherencia como constructo teórico político, y como consecuencia de la radicalidad infundida por sus dirigentes– el auge del conflicto durante este período, lo que, no obstante, a largo plazo quedará vetado en el ámbito político-institucional, y se trasladará a organizaciones no disruptivas como serán las sociedades de socorros mutuos. De este modo, el Estado en Chile se desarrollará en oposición, aunque proclive a una sociedad civil organizada para el apoyo mutuo, que, aunque será heredera del componente fraterno, no cuestionará mayormente el “orden de privilegios” del posterior período.
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Diarios y periódicos
Resumen:
Introducción
Contexto de aparición del movimiento social igualitario: Viejas y nuevas (des)igualdades al interior de la naciente nación
Movimiento Social Igualitario: discurso, práctica y demanda
Las demandas de economía política de la Sociedad de la Igualdad
Soberanía y derecho de asociación: libertades civiles para el pueblo.
Pasos hacia la democratización
Conclusiones: implicancias del largo proceso de democratización