in Cuadernos de Historia
Reseña de libros
Abstract
Mujeres en el MIR: des-armando la memoria es el despliegue de la experiencia vivida y narrada desde cuatro testimoniantes: Margarita Fernández, Viviana Uribe, Teresa Valdés y Patricia Flores. Ellas nos invitan a la resignificación para conmemorar no solo la violencia con la que fueron enfrentadas sus ideas, sino también para el entendimiento de sus propias penas y alegrías, siendo mujeres, madres y militantes. Conmemoración que, desde la escritura, nos recuerda la estrecha relación entre memoria e historia.
Cada narración contiene particularidades, pero también elementos en común. Todos los relatos están atravesados por la rememoración de la infancia, los tiempos de la militancia juvenil, la Unidad Popular, y antes de eso, el pasado de los padres e incluso abuelos y abuelas: la búsqueda de los orígenes para una explicación del presente desde los distintos legados familiares. Para Margarita, la herencia de sus abuelas en la acción política y las luchas de sus tiempos; para Viviana, la bisabuela migrante y la posterior vida en el desierto; para Teresa, la tradición de toda una familia de izquierda que influyó en la militancia temprana; y para Patricia, la dura vida del campamento.
Desde el prólogo de Carmen Castillo, mujer militante y compañera de quien fuera secretario general del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Miguel Enríquez, se expresa la invitación a una lectura que permite el diálogo entre pasado, presente y futuro, en donde estas experiencias se presentan a las nuevas generaciones con el objeto de remecer el olvido intencionado y el desconocimiento del pasado.
El des-arme de la memoria como ejercicio terapéutico y sanador frente a lo vivido se constituye también como un arma frente al olvido y las omisiones de las luchas políticas de mujeres en dictadura. Este texto es fruto de un trabajo de memoria colectiva, donde por dos años se realizaron talleres de escritura de las experiencias vividas, a cargo de Nubia Becker, otra militante del MIR. El proceso de escritura se desprende del análisis al presente de movilización y descontento durante estas dos décadas de transición a la democracia, y en donde se hizo necesario buscar en el pasado los orígenes de la democracia pactada, y también, el rol de las mujeres en estas luchas.
El MIR se configuró como una de las principales organizaciones políticas de resistencia contra la dictadura en la clandestinidad (dada la campaña de desprestigio público, persecución y represión que el Estado autoritario ejerció en su contra). El trabajo político y sindical del MIR se replicó en los campos y en las poblaciones más desposeídas del país, y se prolongó durante gran parte de los años sesenta y durante la Unidad Popular. La legitimidad alcanzada por la llegada del socialismo al poder permitió una avanzada mirista que permeó en las dirigencias vecinales, sindicatos de fábricas y el campesinado. En algunos de los relatos de estas mujeres nos encontramos con varios de estos pasajes, siendo ellas activas participantes de los campamentos y trabajos voluntarios en diversos espacios de Chile, llevando consigo el proyecto político colectivo de la revolución, antes, durante y después de la dictadura.
Para Margarita Fernández, las palabras son “a su tribu”, la familia a la que quiere retribuir una narración para el perdón, relatando su vinculación con las luchas de sus antepasadas, y cómo se vivió y quebrantó el sueño colectivo e individual como mujer militante. La maternidad fracturada, el exilio, la tortura y la muerte de aquellos y aquellas que compartieron sus mismas convicciones, la incertidumbre latente frente a la violencia que se ejerció contra sus cuerpos y sus ideas caracterizan su relato y al mismo tiempo lo convierten en uno junto a sus otras tres compañeras.
Para Viviana Uribe es “la vida en tiempos rebeldes”, involucrando también las convicciones y las ideas detrás de ella como mujer militante y estudiante que conoció la realidad de los afrodescendientes estadounidenses en plenos años sesenta. Sus ideas apuntaban a su compromiso político y al accionar para el cambio de la época. Viviana sufre la prisión y la tortura, la desaparición de su hermana y respectiva pareja; y siendo madre, también debe vivir la separación que genera el exilio. A esto se sumó la posterior preparación para el combate, donde siendo mujeres, se enfrentaron al estereotipo de lo privado para protagonizar lo público en la batalla colectiva contra la dictadura y contra el olvido. Su narración es una constante rememoración a esa hermana arrebatada, y un mensaje de lucha por la verdad y la justicia ante esa pérdida.
Teresa Lastra cataloga su narración como “la luminosa vida”, desde su orgullo como mujer militante y las huellas que en ella dejaron el padre socialista, su formación como estudiante en Concepción, y su defensa férrea a la mujer y su lugar en la sociedad. Teresa fue violentada no solo de forma física, tal como la vivieron otras mujeres. Siendo madre, debe enfrentarse a la pérdida del compañero y padre de su hija, y convivir con el exilio en Panamá. Su preparación para la lucha revolucionaria la vivió también como combatiente por el Frente Sandinista, pensando en lo que significaría retornar y luchar contra la dictadura chilena. En el relato de Teresa nos encontramos con el sentir que genera el retorno y las inevitables miradas al futuro: “no era el Santiago de la clandestinidad y de la conspiración, era la ciudad fría de asfalto que jamás se conmovió ni quiso saber cuál había sido la historia desde 1973, no querían memoria, querían olvidar” .
Esa apelación al presente postdictatorial –de la transición pactada que solo profundizó los cambios del modelo instaurado–, está constantemente presente en la narración de la última de las mujeres que presenta su testimonio. Patricia Flores cierra el escrito con “sueños y porfías por la vida justa”. Como mujer popular, Patricia resignifica su pasado desde la reflexión en torno a la justicia que buscó erradicar la izquierda revolucionaria en la clandestinidad, destacando su participación en el campamento Nueva La Habana como germen para el “poder popular” y lo que significó para la educación de las y los más excluidas/os de la sociedad de la época. Al igual que sus demás compañeras de relato, la tradición familiar marcó su devenir como contestataria a la dictadura, lo que la llevó al exilio, entrenamiento para el combate y a la maternidad tensionada por sus convicciones políticas y sueños por esa vida justa.
Al cerrar el libro, Patricia desarrolla el ejercicio de mirar el pasado en diálogo con el presente y el futuro del país golpeado por la violencia dictatorial. Como educadora popular evidenció la profundización de la exclusión en las poblaciones, o la génesis de una violencia que se redirigió ya no solo a los poderosos, sino a ellos mismos.
Las memorias individuales de cada una de estas mujeres se vuelven colectivas en tanto se reúnen frente la violencia recibida, más allá de la dictadura. Primero, son mujeres que debieron enfrentar los prejuicios de la época, muchas veces provenientes de sus propios compañeros de ideas y convicciones políticas; segundo, todas fueron madres y sintieron que esa etapa de apego y crianza les fue arrebatada por el exilio, lo que habla de la relación mujer-madre como lucha no reconocida y de gran significancia política. Tercero, sus vidas estuvieron marcadas por la muerte de parejas, amistades y/o familiares que abogaron por sus mismas convicciones, y en los que ellas reconocen la valentía juvenil, además de un dolor que permanece y se constituye como elemental para sus resistencias.
Solo podemos entender estas resistencias desde el ejercicio de la memoria, que vive y fluye por las consciencias como monumento contra el olvido, y para el rescate de luchas que se ven opacadas por el machismo en la militancia de izquierda. En este texto, la memoria se presenta como sanación después de los sueños quebrantados, como herramienta para disputar espacios donde se omite el pasado reciente que “divide”; y en donde las experiencias íntimas e individuales de mujeres contribuyen a entender lo público y lo colectivo, para seguir haciendo historia desde la memoria.
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Author
Marcela Vargas Cárdenas
Universidad Austral de Chile. Chile, Chile